viernes, 8 de febrero de 2013

Origen de los Títulos de Nobleza (actualización)

 Origen de los títulos de nobleza (La etimología guiando una investigación) ___________________________________________________________________

El complejo latín y sus derivados
 Las reglas de derivación latino romances, tienen criterios generales, que se cumplen para todos los idiomas derivados del latín, y otras específicas de cada idioma, especialmente en la forma de pronunciación. __________________________________________________________________ Así un vocablo como Cicero-onis (*1) usado para nombrar a Cicerón, tenía en latín original una pronunciación que podemos asimilar a Quíquero o Kíkero (con acento en la i). En italiano, esa pronunciación degradó a Chíchero, y en español a Sísero. Como todas las palabras tenían seis formas de expresarse de acuerdo a la posición en la oración, la cosa parecería ser más compleja aún. Siguiendo con el ejemplo de Cicerón, diremos: __________________________________________________________________ Nominativo (sujeto) Cicero Vocativo (invocación) Cicero Acusativo (complemento directo) Ciceronem Genitivo (pertenencia: de....) Ciceronis Dativo (Complemento indirecto) Cicerone Ablativo (complemento circunstancial de....) Cicerone Y otro tanto ocurría en plural. Pero con el tiempo el uso oral fue unificando los vocablos en una sola expresión en singular y otra en plural. Por la frecuencia de uso, los vocablos finales surgieron siempre de los nominativos o de los ablativos. Así quedó Cicerone (que se usa tambien como sustantivo común con otra acepción) y Cicerón. __________________________________________________________________ Esta pequeña introducción nos va a facilitar el análisis de las denominaciones de los títulos de nobleza, que si bien se entronizaron en la Europa medieval y renacentista, tienen sus raíces en el período romano. Como además el latín siguió siendo el idioma de las clases cultas, y de las publicaciones, hasta bien entrado el siglo XVII, es en sus raíces que debemos buscar el origen etimológico y real de los vocablos que los definieron. ___________________________________________________________________ Valga como aclaración que para designar alguna función, objeto u acción nueva, durante los siglos V a XV, se crearon vocablos nuevos tomando raíces latinas, y declinándolos a la vieja usanza, aunque su uso no se registre durante el Imperio Romano.

 El Duque y el Conde

Existían en latín dos verbos de similar significado: 1) El original duco, ducis, ducere, duxi, ductum (*2) 2) El compuesto cumduco, cumducis, cumducere, cumduxi, cumductum ___________________________________________________________________
El Duque

El primero de los cuales que significaba justamente, guiar, conducir, no se utiliza como verbo en castellano, si bien han quedado como restos de su uso, el participio ducto, y el adjetivo dúctil, El segundo que deriva en conducir, y que en realidad en latín, surge de usar el primero (ducere en infinitivo) con la preposición cum, a la que luego absorbe e integra al verbo completo, tanto en el uso verbal como en la escritura. Pero nos confundiríamos si consideráramos que el uso era indistinto, ya que en ese caso, no hubiera sido necesario que los romanos agregaran la preposición al verbo, y en ese sentido, eran muy estrictos. En efecto, el que conducía era el Dux-ducis, y en tal condición, no respondía a otro mandato que a sus propias decisiones. El verbo que expresaba sus acciones era sin duda el primero, ducere. Con la tendencia a unificar el modismo, en los perídos posteriores a la caída del Imperio Romano, prevaleció la expresión Duce, que en su pronunciación latina debía expresarse como Duque, y los hispanos la transcribieron con esa ortografía, para que las prosodias no se alteraran. Los italianos seguirían con la pronunciación ch para la c latina, y aun cuando en el siglo XX, Mussolini adoptara su apelativo Duce, se pronunciaba como Duche. Pero ya cinco siglos antes, había llegado a su fin la forma de denominar a quienes podían decidir sin la intervención de terceros (en los períodos de realeza, sin solicitar autorización al rey) y transformado el mismo en un título nobiliario, con atribuciones territoriales y de nobleza, que reemplazaban el antiguo poder militar, mantendría esas características. El Duque era una realidad. ___________________________________________________________________
El Conde

El que acompañaba en las decisiones, o compartía las mismas con otro par, o dependía de la aceptación real, para tomarlas, podía explicitar sus acciones con el verbo cumducere (en infinitivo) y su denominación podía inscribirse en el sustantivo romano cumdux-cumducis,. Cuando, como en todos los casos, se tendió a unificar el vocablo que definía al sujeto, pasó por la fórmula intermedia de Cumduce (debe pronunciarse cúmduque) y derivó en Conde. Si bien, algunos latinistas, debido al grado secundario en las decisiones respecto al Duque, estiman que Conde puede haber derivado del vocablo latino Comes- comitis, desestimamos esta apreciación usada para los cortesanos sin otro valor que el de integrar la corte (los que comían con el rey, los que compartían el comedor real) pero sin atribuciones militares ni territoriales, que eran las Inherentes a los Condes originales y se mantuvieron en territorialidad y nobleza, para los títulos posteriores. El Conde ya era también una realidad. Para sustituírlo en sus territorios, en caso de fuerza mayor, sobre todo en zonas donde las luchas obligaban a movilizarse, el Rey podía nombrar un Vizconde, con las mismas atribuciones, salvo en presencia del Conde. ___________________________________________________________________

El Marqués y un origen etimológico diferente

Durante el medioevo, las líneas de límites entre señores eran denominadas marcas. La palabra no tiene un antecedente latino, pero sí responde a caracteres Germano-sajones que denominaban así a los límites de una territorialidad.. Las invasiones bárbaras primero, y el Sacro Imperio Romano Germánico luego, introdujeron este concepto en la Europa mediterránea. En España, esas marcas variaban permanentemente como límites, sobre todo en la línea que separaba los dominios árabes, de los cristianos, entre los siglos XIII y XV. En Italia esas variaciones, se expresaban especialmente entre los territorios papales y los que no eran de su dominio, pero ya antes habían sido los límites del Sacro Imperio Romano Germánico. Después de la conquista de Carlomagno en el siglo VIII, entre los siglos IX a XI se crearon las marcas de Camerino, Fermo y Ancona. La última es la de los posteriores estados papales. Sucesivas luchas entre Malatesta, Montefeltro representantes de los Médicis, los Sforza, desdibujaron los límites hasta que en el Siglo XV Giovanni della Rovere, por comisión papal, fija los límites de lo que hasta hoy se llaman Le Marche (pronúnciase Le Marque). El cambio de denominación de, La Marca di Ancona a Les Marches se produce con la anexión a la nueva Repéblica Italiana, después de 1860. Aun hoy se denomina por Gianni (diminutivo de Giovanni) Le Marchegiana, a la zona de las Provincias donde tales territorios estaban involucrados. Se da entonces la situación de que los señores (con jerarquía de Reyes) ante la necesidad de sostener los límites de sus señoríos, o la posibilidad de extender esos límites, denominados Marcas, deciden crear un título de Marquesado, que permite al beneficiado tener poder y territorialidad, sobre los territorios que defiende y los que eventualmente conquiste, sin que los derechos de dominio del señor se vean afectados por esta concesión. Como en Italia, y también en Alemania, en España, los primeros Marquesados se dan en los finales del Sacro Imperio Romano Germánico, pero los títulos como tales, recién se consolidarán en el siglo XV. España separa los títulos, entre los avances sobre las marcas en territorio peninsular y/o europeo en general, y los logrados luego de 1492 en las colonias americanas, que con iguales atribuciones serán denominados Adelantados. _________________________________________________________________

Las jerarquías nobiliarias

Al decantarse los valores y equivalencias de los distintos títulos otorgados por los países europeos, el Duque ocupó el lugar de privilegio, y el Marqués se instaló por debajo del mismo, pero por encima del Conde, estableciéndose en cada país los tratamientos y sostenes económicos, que debía recibir cada uno. Las mujeres de los mismos recibían en las cortes, el tratamiento equivalente, pero era solo una cuestión protocolar y no efectiva, ya que los herederos eran siempre los primogénitos varones, y solo escasamente y de no haber herederos, asumían realmente las atribuciones en caso de fallecer sus esposos o padres, y eran obligadas rápidamente a contraer matrimonio. __________________________________________________________________

Otros Títulos: Barón y Señor

En España se registraron títulos inferiores en territorialidad y jerarquía, a los nombrados. En Aragón que llegó a dominar media Italia y las islas del Mediterráneo durante el Siglo XV, se crearon los títulos de Barón, y sus territorios eran las baronías, situación que parece haberse tomado de Francia, que ya las había instituído. Castilla en cambio, en territorio peninsular hasta 1492, ya había distribuído los señoríos, como premios esencialmente a la lucha con los árabes, y su denominación respondía al apelativo de Señor. Su uso reiterado como forma de etiqueta en el trato, derivó en su generalización en el diálogo coloquial para todos los hombres y mujeres, a partir del siglo XIX. Por debajo de los citados, todavía se extendían los títulos de Caballero, que respondían a la vieja calificación de las villas y los burgos, que anteponían los poseedores de caballos, en el rango social, de aquellos que no lo poseían. Entre los militares, también la jerarquía de los caballeros prevalecía, sobre artilleros e infantes. Las distintas órdenes militares o religiosas, tenían la facultad de extenderle estos títulos a quienes se integraban a ellas. Como en el caso anterior, la denominación también quedó como calificación de trato social, y si se nos permite, en un grado superior al de Señor, aunque marcando más distancia entre los interlocutores . Debe agregarse que sobre bases similares, existía un escalonamiento de jerarquía nobiliaria entre los árabes, en La India, en la China, y otras regiones orientales, si bien en estos casos, la base religiosa tenía un poder muchas veces superior al poder militar, y operaban en conjunto en el escalonamiento social. Situación diferente a la de los países de Europa occidental donde las escalas de poder militar-nobiliario y religioso, iban por vías diferentes, a veces competitivos, aunque se asociaban en órdenes como la de los Templarios. _________________________________________________________________

Un anacronismo que aún sobrevive

El uso del adjetivo noble (derivado de nobilis-nobile) tanto para indicar distinción, y celebridad, como para caracterizar a los integrantes de esa casta, y vasallos o directamente siervos (de servus-a: esclavo de Roma) para quienes no la integraban, habla a las claras de las diferencias sociales que denotaban en la Europa medieval y renacentista. A pesar de que las razones de la creación de los títulos de nobleza, han mutado en casi todos los países de Europa Occidental; que los criterios sociales actuales rechazan las diferencias, y los marcos constitucionales, si bien sostienen en algunos casos la figura de los reyes, le dan un carácter simbólico y no ejecutivo; muchos de estos títulos de nobleza, subsisten en varios de los países, y tienen hasta un marco legal que los sustenta, aunque sus prerrogativas son cada vez, menos notables. Son sin ninguna duda, un resabio anacrónico del medioevo europeo. __________________________________________________________________ ------------------------------------------------------------------ Notas: (*1) En latín las palabras se indican con su nominativo y genitivo singular. (*2) En latín los verbos se indican por la 1ª y 2ª persona del presente, por el infinitivo, por la 1ª persona del pretérito perfecto, y por el supino. __________________________________________________________________ ------------------------------------------------------------------ Ing. Manuel Vila Presidente del Foro de la Memoria de Parque de los Patricios Presidente de la Junta de Estudios Históricos de Parque de los Patricios ingmanuelvila@hotmail.com 5401149252230 Investigación concluida en Noviembre de 2011 Prohibida su reproducción sin autorización del autor

jueves, 7 de febrero de 2013

Monasterio de San Martín de Lalín


Mi bisabuelo, tambien llamado Manuel Vila, arriero de vinos (según mi abuelo le dijo a mi padre) nativo de Lalín (Pontevedra, España) se vino en 1892 a la Argentina con su esposa María Mantinián; mi abuelo Eugenio de 8 años y dos mellizos más chicos. Como me habían comentado que el abuelo recordaba el monasterio donde había sido bautizado, y las 9 casas que había alrededor, una de las cuales habitaban, antes de viajar a buscar mis raíces en Lalín, en 2009 busqué datos en Internet.
Para mi tristeza, figuraba que antes de 1892, se había decidido construir la iglesia de Santa María de los Dolores, y que en el contrato de construcción de la misma se estipulaba que se usaran piedras de la demolición del monasterio de San Martín para construirla. Al ver luego imágenes de Santa María concluida y ninguna de San Martín presupuse lo peor. San Martín ya no existía.
Viajamos desde La Coruña a Lalín, pasando por Santiago de Compostela, y al llegar observamos el centro de Lalín donde comimos pulpo y no los "cocidos" característicos, y recorrimos su orgullosa iglesia de Santa María. Allí debía terminar la visita.
Sin embargo, acostumbrado a leer que los monasterios se instalaban en los puntos altos, y siguiendo una corazonada, propuse a mi esposa ir hacia un sector que se observaba elevado, porque presumía que algún resto de San Martín debía haber quedado en algún lugar. Cuando íbamos llegando a la parte más alta y sin indicación de cartel alguno, observé el muro lateral de un viejo cementerio de piedra, y al seguir subiendo, apareció ante nosotros el majestuoso monasterio, creado en 980 D.C.
Mi emoción superó todos los límites, cuando además en sus alrededores hallamos varias de las 9 casas de las que hablara mi abuelo. Pero el misterio de su presencia, recién se me reveló hace tres meses. Una subida posterior a Internet, indica, que por haberse atrasado el contratista en la construcción, 8 vecinos del pueblo y el sacerdote, habían pagado para que no se demoliera San Martín, salvando esta joya construida en el siglo X de nuestra era. ¿Habrán sido los Vila, desde arriba, que me guiaron a conocerlo, cuando no había ninguna razón para buscarlo?




Observando en detalle se puede notar que en algún momento de su historia El Monasterio de San Martín de Lalín, subió su altura, cambió su cubierta y cerró con piedra nueva, la abertura flanqueada por dos hermosas columnillas 

 Nudo de caminos, (el de Ourense a Satiago de Compostela y el de Lugo a Pontevedra) Lalín es considerado el centro de Galicia, y su monasterio fue referencia de peregrinos desde el siglo X de nuestra era.
Una de las casa que rodean al Monasterio, probablemente tan antiguas como el propio monasterio, y lugar de alojamiento de peregrinos durante once siglos.


Vamos a volcar una nota posterior sobre la etimología que puede haber dado origen a la denominación LALIN. Según las publicaciones (aunque todas sin mucha convicción) se plantean dos alternativas:
1)existió un labrador con anterioridad al siglo IX que era denominado Lalino o Laliño, antes de que el Conde de Deza se hiciera titular de las tierras, sin embargo tal personaje no aparece en documentos y parece haber quedado como una improbable tradición oral, a partir de que se llamaba a la zona Tierras de Lalino o Laliño.
2) A esta historia se agrega el más rebuscado argumento de que su nombre surgía de haber trabajado con lana y lino, de ahí se transformaba en Lalino, casi  una fábula.
Nosotros introduciremos una tercera opción, partiendo de que la mayoría de los pueblos ubicados en territorios antes dominados por los romanos, (cuya lengua, el latín,  iba derivando a los idiomas romances) durante su dominación y los posteriores siglos , recibían denominaciones que respondían a cuestiones geográficas, u otro factor que las hiciera notables o notorias . En este sentido el actual Lalín estaba emplazado en LA LINEA que une a Ourense con el ansiado destino de Santiago de Compostela, y fue por esa razón que en el siglo X se instaló en esa línea de caminantes, y peregrinos el Monasterio de San Martín de Laliño, según figura en documentos de la época. Por si esta vinculación fuera poco, tambien se cruza en Lalín el camino de Lugo a Pontevedra, y estamos hablando de pueblos cuyas denominaciones denotan tambien el origen latino prevaleciente y el sentido de marcar un accidente geográfico (Pontevedra, Ponte (puente) Vedra (puede derivar de vetera(viejo) o de vectra(transportable, o que sirvve para transportarse) y Lugo derivado de Locus = lugar en latín).
Aun para los años anteriores al emplazamiento del Monasterio de San Martín (980 D. C.) debe aceptarse que por tal condición de estar en la línea que conduce a Santiago, era lógico hablar de las Tierras de La Linea o Laliño, como deformación.
El apocopamiento de las expresiones, con el uso,  común a la lengua galaico-portuguesa, produjo el posterior Lalín, con el que hoy es conocida.

martes, 29 de enero de 2013

El Fuerte de Buenos Aires (historia de su construcción) trabajo reactualizado en 2013 por el Ing. Manuel Vila



El Fuerte de Buenos Aires

Prólogo:
En una visita al extinguido Museo de la Casa de Gobierno en mi etapa de alumno del Nacional Buenos Aires, observé unos muros, en el extremo de un corredor del mismo que se presumía, ya en aquel entonces, eran parte del bastión SE del Fuerte de Buenos Aires. Luego en una de mis notas de la serie "Del adobe al hormigón" en el suplemento de Arquitectura del Diario Clarín. en 1980, lo expresé directamente, pero no eran tiempos de exigir al ejecutivo indagar sobre el tema. Incluso cuando se abrió en ese período el patio de la Aduana de Taylor (llamado luego por un tiempo el foso del Proceso) como se pensó, por estar bajo la Casa de Gobierno, un tema de seguridad, no era posible opinar sobre el particular.
Hoy inaugurado el Museo del Bicentenario, veo que se muestra una cañonera, y parte de otra, y lo que presumo es el desague (aunque no lo han identificado) del viejo Fuerte Don Juan Baltasar de Austria, y aunque no se han profundizado demasiado las tareas de arqueología, podemos adelantar que de acuerdo a las implantaciones del Fuerte, la posterior Aduana y los edificios de Correos y el primer Palacio de Gobierno, que derivaran en la actual Casa de Gobierno, tengo la seguridad que todos los cimientos del Viejo Fuerte con sus cuatro baluartes incluidos, (o una parte importante de ellos) permanecerán bajo las estructuras de lo que hoy es nuestra Casa de Gobierno. Con las nuevas metodologías de detección por sonido o radiación en algún momento se podrá comprobar tal presencia, y si eso ocurre, deseamos que se conserve para las generaciones futuras.
manuel vila
 
 
Primera Parte: 1580-1700
Fracasada la primera fundación de Buenos Aires por Don Pedro de Mendoza (1536), y despoblada por Irala en 1541, la corona española renueva la necesidad de su emplazamiento ante la presencia permanente de naves portuguesas, holandesas e inglesas en la zona, que es a la vez, acceso a amplios rios navegables que se adentran en sus colonias, y puesto de abastecimiento para los viajes a la Patagonia y el Pacifico.
Juan de Garay será el encargado de refundarla en junio de 1580.
El plano de distribución de "suertes" que elabora, según ordenanzas, marca la presencia de un lote reservado para fuerte sobre el ancho Río de la Plata con espaldas a la plaza principal, pero compartido con el Adelantado. Luego iba a ceder parte de esa manzana al Adelantado y parte a los jesuitas dejando casi dos manzanas a la plaza (Mayor) e iba a correr la del fuerte hacia el río.



Fig 1: Plano de "suerrtes" de Juan de Garay (1580)


Ese corrimiento iba a resultar nefasto para la historia del Fuerte, luego denominado "Don Juan Baltasar de Austria" por cuanto, por un lado lo sumergía en la barranca, con una sustentación  heterogénea, y por el otro bajaba su nivel respecto a la futura ciudad, limitando su capacidad de acción de defensa hacia el interior.
En efecto, si bien existían sobre el sector norte de la barranca afloraciones rocosas sueltas (belgranensis) las mismas estaban alternando con sedimentos blandos que prevalecían en el lote destinado al fuerte, haciendo compleja la cimentación sobre ese terreno heterogéneo, al que se sumaba la acción de las mareas sobre el cauce del Río de la Plata, sobre el frente y el uso de los laterales del fuerte como pendiente de acceso de carros de desembarco, ante la falta de puerto y de salida de los líquidos superficiales en tiempo de lluvias. El mismo fuerte servía de aduana en esos tiempos fundadores.
Fernando de Zárate , Gobernador de tiempo escaso inició las primeras construcciones de lo que podríamos llamar fuerte en 1595
Se presume que los originales cimientos deben haberse constituido con esas piedras de predominante color negro, sin ligante (por cuanto la calidad de la cal en la colonia en ese momento solo permitía su uso para el blanqueo) pero su disposición sobre terrenos blandos sedimentarios y el hecho de que las "murallas" aun superando el metro de espesor fueran de barro, hacían que cada dos años sus muros dieran por tierra o "por agua" según hacia que lugar se desmoronaban.
En 1595 se efectúa entonces, la primera construcción del Fuerte, con una pared de barro excavado del foso que lo circunda.
En 1603 en Buenos Aires, se empiezan a reforzar las paredes con cañas, ante la falta de ladrillos, adobes y tejas, que recién se empiezan a fabricar en 1608 en forma poco representativa y con cierta calidad a partir de 1650.
Según un informe de Hernandarias, gobernador en 1608, hizo traer piedra de la otra orilla (Martín García) para usar en los cimientos del Fuerte. Su uso aún no se había extendido a las murallas que siguen siendo de barro.
Todavía ante derrumbes de las paredes del fuerte, en 1633 se pide arrimar tierra para repararlo, y los navíos de permiso que traían ladrillo, teja y hierro de Brasil, se derivan a la construcción de las iglesias.
Prueba de ello es el relato de Acarete du Biscay, viajero que pasara por Buenos Aires con destino al Perú en 1657 y de regreso en 1659, en relación a la villa y su fuerte.
"El pueblo está situado en un terreno elevado, a orillas del Río de la Plata, a tiro de mosquete del canal, en un ángulo de tierra formado por un riacho, llamado Riachuelo, el cual desemboca en el río, a un cuarto de legua de la ciudad: esta comprende cuatrocientas casas, no tiene empalizada, ni muralla, ni foso, y nada la defiende sino un fortín de tierra circundado por un foso, que domina el río, y tiene diez cañones de hierro, el mayor de los cuales es de a doce........Además de este fuerte hay un pequeño bastión en la desembocadura del riacho, donde mantienen una guardia, no hay sino dos cañones de hierro montados, de a tres".
 





Fig 2: Primer Plan de la Ville de Buenos Ayres (que si bien se confeccionó mucho después y se adjudica a Charlevoix, representa la Buenos Aires de 1650).
 
A esta situación pueden haber colaborado los informes al Rey del Virrey del Perú Pedro de Toledo, Marqués de Mancera, que siendo responsable de las fortificaciones de Valdivia (en Chile) y el Callao (en Perú) decía en 1647, que para fortificar Buenos Aires debía enviarse todo de España, por cuanto no hay ingenieros ni artillería, ni los oficiales necesarios, pero no aconseja tampoco fortificar por cuanto en el sitio solo se puede utilizar como material tierra y adobes "y aunque hay fagina de la otra parte del Río es muy lejos y costaría mucho trabajo". Afirma haber tomado dos bergantines a los portugueses y considera que con ellos y dos "saetías" que construyó, más la caballería del lugar "podrán sugetar (sic) las lanchas del enemigo".
Y concluye con decisión:: "Fuerte Real ni cosa de más consideración, que lo que queda dicho, no sería de mi parecer; aunque si el enemigo acomete, con fuerza, ha de ganar el puesto antes de que les pueda llegar socorro de partes tan remotas; y aunque el obligarle a gastar tiempo en eso sería nuestro propósito; sin embargo yo entiendo que sería el mayor inconveniente fabricar fortaleza para que la gocen los enemigos, donde estando tan empeñada es lo más cierto y preciso perderse por falta de socorro".
Si bien las apetencias de Portugal se vieron reflejadas, treinta años después con la fundación de Colonia del Sacramento, frente a Buenos Aires, los Gobernadores de Buenos Aires no acompañaban la decisión virreinal de desamparar la villa, y actuaron en consecuencia.





Fig 2b: Cuadro de Leonie Mathis, representando el Fuerte y la Plaza Mayor
En 1666 José Martinez de Salazar, por entonces Gobernador, crea una fábrica de cal y mejora los hornos de ladrillo y teja y las adoberas, y modifica la traza del Fuerte, disminuyéndola en dimensiones pero usando ladrillos y adobes en sus paredes y cal en el material de juntas mezclado con barro.
Dice en nota al rey haber fabricado cal y ladrillos "tan buenos como los de España" y haber traído en lanchones de "costas alejadas",
madera que se recubre con alquitrán después del arribo del primer barco que lo trae en 1669.
Por 1675, desplazados los jesuitas de la manzana cercana, Salazar aplica los nuevos materiales a la reconstrucción del fuerte, y su nota al Rey nos sirve de detalle.
Dice que se levantaron tres baluartes (o bastiones) y una cortina (pared amurallada) desde sus cimientos, y refiere que "por ser de poca resistencia el terreno que mira al mar (sic) se debió proteger las construcciones con parapeto de estacas".
De las tejas fabricadas para el Fuerte se venden 92600 entre los vecinos, para recaudar fondos para continuar las obras.



 
Fig. 3: Plano del Fuerte señalado por el Ing. Manuel Vila en el Museo del Bicentenario.
La tasación de las obras en 1667 de Jacome Ferreira Feo y Luis de Villegas, permite apreciar el mejoramiento en materiales y métodos constructivos.
Las construcciones superiores tienen paredes de ladrillos asentados con cal y cubiertas de cañas sobre las que se clava madera y los techados sobre estructura también de madera con cañas intermedias a las tejas.
Los solados ya se hacen de enladrillado salvo el del pasadizo de acceso a la casa del Gobernador que es empedrado, habiendo requerido según el detalle 30 carretas de piedra. El traslado en carretas indica que se traen del interior (presumiblemente Cordoba) y no de Martín García que obligaba al uso de lanchones. Se presume entonces que serían predominantemente calizas.
Vuelve a mencionarse cuatro piedras que de acuerdo a su ubicación, dos de ellas soportan esfuerzos horizontales provocados por la bóveda de acceso. Sobre el particular detalla que: "un arco grande de cal y ladrillos en que está la puerta que hace de bóveda al terraplén, en que hay 15000 ladrillos, dos vigas embebidas en el arco, 250 fanegas de cal que se gastaron en el cimiento y la bóveda".
Ya se construyen canales, conductos y puentes.
Así encontramos que como desague del Fuerte se construyen dos conductos abovedados con ladrillos y cal que dan al Río,
(*y que por el tamaño de los adobes o ladrillos observados actualmente, mucho más grandes que los usados luego en la construcción de la Aduana de Taylor en 1855, sería uno de ellos ya sin la bóveda superior el que se observa en el frente del baluarte NE superviviemte en el Museo del Bicentenario).








Fig. 4: y 4¨ Fotografías del presunto desague en su estado actual (observar tamaño de los adobes respecto a los pies de una persona parada detrás).
En la construcción del puente y de los cimientos de una torre que se construirá, se usa cal y canto citando nuevamente las carretadas de piedra, y en una notificación al Rey de 1669, Salazar agrega que: "por ser terreno anegadizo esos cimientos se rodearán de 800 a 900 estacas alrededor para evitar socavamientos o asentamientos de bases".
Los materiales superiores de la torre son ladrillos con un mortero de cal y tierra.
Otra tasación de las obras hecha por Juan Bautista Calvete en 1670, muestra otros avances, ya que se animan a construir un corredor de 261 pies (73 m) con pilares de ladrillo con sus cimientos cada 10 pies (2,80 m) sin cerramiento de paredes.
El mortero de cal ya aparece mezclado con arena en vez de tierra, y nos brinda la proporción de cal y arena en la mezcla que es de una fanega de cal por cada carretada y media de arena.
Las dificultades para mensurar las proporciones surgen del uso de tales unidades, ya que la fanega de Castilla es de 55.5 dm3, o sea 55,5 litros, pero luego surge una fanega argentina de 184 dm3. En este caso por el año en estudio podemos aceptar la primera medida, que ocupada por cal pesaría aproxinadamente 116,5 kg; pero en el caso de la arena, las carretadas son unidades variables en todas las provincias de España e Indias, solo está fija en Méjico donde se usaba para la cal y valía 12 cargas de 10 arrobas, o sea 1380 kg. La aceptación de estos valores redunda en una relación no racional.
Si se toma como la capacidad de una carretilla (aprox 160 dm3 =160 lt) resulta una y media carretada, igual a 240 dm3 que en arena equivalen a más o menos 500 kg. En ese caso resulta una relación cal/arena = 1:4. aceptable aún hoy.
En 1680 el luego nombrado Obispo, Fray Antonio Azcona Imberto establece otra fábrica de cal en La Magdalena con mejor nivel de calcinación y mejor resultado en calidad.
Pero el verdadero salto de calidad en las obras del Fuerte se iba a dar con la llegada del Ingeniero Joséph Bermudez (1701) y la del tambien Ingeniero Militar Domingo Petrarca, que arriba en 1716.
 
 

Segunda Parte: 1700-1805:




En 1701 llega a Buenos Aires el Ingeniero Joseph Bermudez, enviado directamente por el Rey para ocuparse directamente de la reconstrucción del Fuerte.
Su tarea fundamental consiste en consolidar la muralla y los baluartes, y mejorar las construcciones internas, que son la sede del Gobernador, la Contaduría (las llaman Cajas o Casas Reales) y los pabellones donde se aloja la guardia.

Sin embargo encuentra notorias dificultades que informa en 1713 al Rey, diciéndole entre otras cosas, que la mano de obra es poco eficiente, la calidad de la cal es baja, y que el terreno donde se asienta el Fuerte es deficiente "debiéndose ahondar los cimientos para buscar los firmes", y que "la arena se debe traer de una legua de distancia".
Se deduce de sus informes, que los andamios ya eran de madera, y que resultaban onerosos por la escasez de esta, y que se ataban con cueros. Se usaban para transportar la cal, las carretas reales que cargaban 14 fanegas, y adjunta un plano de lo que está y de lo que pretende hacer

 
Fig 5: Plano de Bermudez con situación preexistente
 


Fig 6: Plano de Bermudez con los proyectos a concretar
 
Debe observarse que se exageran las manzanas de la plaza Mayor, y que se usa una trampa común de los proyectistas-presupuestistas de la época, el uso de dos escalas distintas para representar la ciudad y el Fuerte, (detalle solo detectable para el ojo avispado), que buscaba impresionar con una envergadura de la Fortaleza, superior a la real, para solicitar fondos para sus obras, tambien superiores a los necesarios.
Como dato importante debe consignarse que la representación muestra que del lado del Río de la Plata, los baluartes no están terminados y se observa un grafismo que parecería mostrar la hilera de tablestacas que protegen la muralla de ese lado.A su vez se observa que Bermudez pretendió hacer hacia el lado del Río un revellín que hiciera simetría con el acceso, pero las dificultades para fundar en ese sector se lo impidieron.
En los informes posteriores se da cuenta de haber revestido con piedra las murallas
Del lado sur y la que daba frente a la plaza.
A pesar de todo esto, la obra no avanza de acuerdo a los requerimientos Reales que se interesan notoriamente en la fortificación de Buenos Aires después del emplazamiento de Colonia del Sacramento a su frente, y en 1719 llega tambien por comisión Real el Ingeniero Militar Domingo Petrarca.
A partir de su arribo y junto a Bermudez se inicia la verdadera reconstrucción del Fuerte de Buenos Aires, que con el apoyo de órdenes y Cédulas realesque le aportan fondos se concluye en 1724.
La muralla de piedra se completa en todo el perímetro y se revisten los tres lados que no dan al río con otro revestimiento en ladrillos de medidas generosas. Los baluartes romboidales con sus garitas, las murallas con ensanche inferior, y la planta cuadrada dan a la construcción las carácterísticas que desde el siglo anterior había impuesto el proyectista francés Vauban.
Las cañoñeras estaban abiertas en la muralla con abocinamiento, para permitir un amplio batido de los cañones.










Fig 7: Cañonera inserta en la muralla que daba hacia el Río de la Plata
 
El puente levadizo sobre el foso, comunicaba el acceso principal al Fuerte con la Plaza Mayor. Existía una salida hacia el Río, a un nivel inferior, que cubría la opción de un embarque o una salida de emergencia, pero cuyo nivel a veces quedaba por arriba y otras por abajo del nivel del Río.
Los conocimientos de Petrarca sobre el estudio de las cargas, darán a este nuevo Fuerte condiciones de durabilidad como nunca había tenido.
 
 
Fig 8: Planta del Fuerte



 
Fig 8¨:Otra Planta del Fuerte mostrando la alameda, ya instalada sobre la costa
hacia el lado norte

Encargado también de la fortificación de Montevideo (fundada en 1726 por Bruno Mauricio de Zabala, tras disolver un asentamiento portugués en el lugar) en 1727 el propio Petrarca elabora el plano para las nuevas Cajas Reales, constando el informe de los Oficiales Reales en cuanto al costo del proyecto de una planta que no pasaba de 7000 pesos, pero luego agregan: "esta primera planta era de un solo piso pero luego agregó otra".
La planta definitiva resulta de dos pisos de 26 metros de frente por 7,50 de fondo. Se observa que está apoyada en su parte posterior sobre una pared amurallada que soporta lateralmente el empuje de un terraplén. Las paredes se construyen con cal y ladrillo y el techo es de tejas a dos aguas, según un informe de 1729, teniendo el piso alto sus puertas con balcón casi adosado a la pared.
La estructura se cierra con una bóveda superior que por los esfuerzos horizontales que genera, traerá luego problemas, según un informe de los Oficiales en 1745.
Según ellos: "como hicieron las murallas y no esperaron que la obra se asentara, y echaron las bóvedas, se rajaron, y estribaron una pared pero entra agua ",
y agregan que "las paredes tienen humedad hasta 2 tercios del suelo".
A pesar de estos problemas, hay progresos en lo estructural y en los mayores aventanamientos de los locales, que harán que con algunas mejoras, esta sea la estructura de Fuerte que llegará hasta sus últimos días.
 




Fig 9: imagen de Dufresne representando el Fuerte en 1838
 
 
En esta etapa, la piedra ya se trae de Martín García, y la cal de las caleras de Quilmes y Magdalena, y respecto a los adobes, en 1755 el Cabildo a instancias del procurador fija los largos en media vara (42 cm) y el ancho en un cuarto de vara (21 cm) fijando el espesor en cuatro dedos(?) que luego debe aclarar toman los de un tal Alberto Laredo como referencia.





Fig 10a: Cimientos de piedra de la muralla en el frente al Río (foto tomada en el
Museo del Bicentenario, por el autor)



Fig 10b: Otra boca del viejo Fuerte de Buenos Aires quizás de defensa o descarga
pluvial (foto tomada en el Museo del Bicentenario, por el autor)




En 1751 Diego Cardoso iba a proyectar la nueva Casa del Gobernador, concluida en 1761 y Fancisco Rodriguez Cardozo y Bartolomé Howell (los mismos que Cevallos comisionara para reconstruir los fuertes de San Miguel y Santa Teresa en Uruguay) iban a completar los refuerzos sobre el Río.
Ya acompañaba al fuerte sobre la costa la Alameda, que brindaba un aspecto distinto a los paseos de los porteños.
En 1770 Alonso Carrió de La Bandera, encargado real de las postas o correos, en "El lazarillo de ciegos caminantes", texto adjudicado erróneamente a su guía Concolorcorvo, dirá : "Todo el Fuerte está rodeado de un foso bien profundo, y se entra en él por puentes levadizos.La Casa es fuerte y en su patio principal están las cajas reales. Por la parte del río, tienen sus paredes una elevación grande, para igualar el piso con el barranco que desciende al río".
En esta etapa, el Fuerte tenía un encargado permanente de mantenimiento, siendo durante la visita de Carrió de La Bandera, el Ingeniero Juan Alberto Cortés.

 
Fig 11: Otra Planta del Fuerte de Buenos Aires a fines del siglo XVIII¨e
inicios del XIX
 
Ya a esta altura con Buenos Aires proyectada como capital del nuevo Virreynato en 1776, toda la construcción en Buenos Aires, tiene regulaciones que obligan a presentar plantas y elevaciones a ¨los Ingenieros de la Ciudad e Presidio"
y se revisan los criterios de construcción y archiva la documentación de cada obra, existiendo construcciones de dos plantas.
Justamente el Comandante de Ingenieros en 1784 Cesar Cabrer, proyecta y construye dentro del Fuerte que ya tiene la denominación de San Miguel, una capilla y el edificio de la Real Audiencia, consistiendo este último en dos plantas de creciente calidad constructiva, y como preanuncio de la construcción desarrollada entre 1787 y 1795 del edificio sede del asiento del Virrey, que recibió por ello el nombre de "Palacio de los Virreyes", y que respondía al proyecto de José García Martinez de Cáceres y la dirección de ejecución por parte de Francisco García Carrasco.
El viejo edificio de asiento de Gobernadores, quedó para uso de maestranza.
Ya sobre el siglo XIX, en 1802, se refuerza la muralla sobre el Río a la par del inicio de la construcción del muelle de piedra proyecto de Pedro Cerviño sobre la bajada de Cangallo, que un temporal destruirá en 1805, y tambien en 1803 se presenta el proyecto del Maestro Mayor Agustín Conde para dividir la Plaza Mayor en dos partes a través de una recoba, y aprobado, se inicia la obra que completan en 1804 los Maestros Mayores Juan B. Segismundo y Juan Zelaya.
Las mejoras en el Fuerte tienden ya a realzar su arquitectura, aceptadas sus dificultades para la defensa de la ciudad.
Al respecto ya había dicho el Coronel Joaquín Javier Curado (espía al srervicio de la corona de Portugal, presente en 1797 en Buenos Aires, cuyos informes secretos han sido traducidos y publicados en el número 34 de la Revista "Historia") sobre Buenos Aires, que "en toda la distancia que se extiende su población, ofrece el río posibilidad de desembarco, sin embargo nunca en forma directa, porque aun las embarcaciones pequeñas que requieren poco agua, no pasan con todo del canal, que dista mucho de tierra. Los pequeños botessolo pueden ser útiles hasta cierta altura en que el río comienza a explayarse, de suerte que llegan los coches y carretas a entrar más de 100 y 150 brazas para facilitar el desembarco.
Casi en el centro de ese frente que la ciudad ofrece al río, hay un fuerte cuyo recinto está totalmente ocupado por la Casa de Residencia del excelentísimo Virrey, por el Real Erario y por un almacén de depósito......".
Hablando luego del Fuerte dice que: "los dos baluartes que dirigen los fuegos al río, pueden defender cualquier desembarco hasta el alcance de la artillería, más los otros nada pueden defender hacia la campaña, porque todos los edificios de la población que lo cercan por aquella parte, son superiores al Fuerte, que es un poco más elevado que el nivel del terreno".



Fig 12: Acuarela de Emeric Essex Vidal, mostrando el Fuerte desde el Río
de la Plata


 
En 1802, el propio José García de Cáceres que se ocupara del proyecto del "Palacio de los Virreyes" en el interior del Fuerte diría que es:

"Un cuadrado de lados desiguales, fortificado con cuatro baluartes y sus correspondientes cortinas, dentro del cual se encuentra el Palacio Real que en piso superior ocupan los Señores Virreyes y en el inferior la Real Academia, Escribanos, Secretarios y Capilla Real y Reales Cajas, encima de estas, la Sala de Armas, capilla antigua para presidiarios, cuerpos de guardia, almacenes, maestranzas, etc. Este fuerte tiene un foso sin contraescarpa revestida y únicamente lo está una porción que corresponde a la puerta principal que tiene puente levadizo y está cubierta por un pequeño tambor; en el frente que mira al río está la puerta del socorro, los muelles de dicho frente están en muy mal estado, especialmente a la entrada por ser la piedra tosca de malísima calidad. Todos los edificios que contiene están construidos de ladrillo y barro, excepto la Capilla Real, almacenes y cajas Reales, que lo están de ladrillo en mezcla de cal y arena".
 
Tercera Parte: 1805-1855 (1882)
 
Cuando algunos consideraban cumplida la vida útil del Fuerte en sus aspectos netamente militares y se preocupaban más por los detalles arquitectónicos, y otros lo consideraban insuficiente para cubrir la seguridad de los tesoros que su condición de puerta del Atlántico hacia España le obligaba a preservar, sobreviene un suceso que renovará la necesidad de revitalizarlo como elemento defensivo y de ataque: La Primera Invasión Inglesa, en 1806.
En efecto la llegada de Popham y Beresford al frente de la expedición inglesa que toma la ciudad y se asienta en el Fuerte de Buenos Aires en 1806, siguiendo la propuesta de Curado (y con la ayuda de Guillermo Pío White) de desembarcar lejos del alcance de sus cañones y llegar por tierra, reavivan la valorización militar del mismo, y sus limitaciones.
A la reacción primaria del influyente vecino y cabildante Martín de Alzaga, y el Ingeniero catalán Felipe de Sentenach, de construir un túnel para volarlo, (que de hecho iniciaron desde la Capilla de San Roque, y si no se lo terminó fue por la llegada de Liniers con tropas traídas de Montevideo, antes de su conclusión) le siguió la convicción de que el Fuerte no podía defender un ataque desde el interior, porque la altura de las torres y cúpulas de las iglesias impedía cualquier disparo de cañones en esa dirección.
Conocido esto por los ingleses, y previéndose una segunda invasión (que se produce en 1807) se comisiona al Ingeniero Pedro Cerviño y a Juan José Viamonte, a producir la fortificación de la Ciudad por el lado de la pampa, abriéndose numerosas trincheras y taludes que frenaran el avance y ofrecieran cobertura a los defensores.
Sobre un plano del Ingeniero Gianinni que ya por aquel entonces, pensaba en priorizar obras para el Puerto, respecto a mejoras en el Fuerte, se marcaron luego de esa segunda invasión, los recorridas de las columnas inglesas que esta vez ya no pudieron llegar al Fuerte.
 
Fig 13: Plano de Gianinni (1805) con las líneas de ataque de la invasión en 1807. Se observa la Recoba, el muelle de Cerviño y el desarrollo urbano
 
Asiento de los virreyes el Fuerte recobró su actividad con los movimientos populares que desembocaron en la Primera Junta de Gobierno, y si bien en etapas posteriores se fue degradando su arquitectura, ante otras obras de la ciudad, la imagen del poder seguía siendo el Fuerte, como lo demostraría Justo José de Urquiza, entrando al mismo tras pasar bajo la Recoba en 1852, al derrocar a Juan Manuel de Rosas.
Los bloqueos de la armada portuguesa, y luego del Imperio del Brasil, pusieron varias veces al Fuerte en acción, cubriendo con sus cañonazos las acciones del Almirante Brown, y sus lugartenientes Espora y Rosales, defendiendo la plaza. Los bancos del Río de la Plata en las cercanías del Puerto de Buenos Aires, jugaban a favor de hacer encallar y luego atacar las naves enemigas.
Rivadavia ya había dispuesto cegar el foso y disponer asientos hacia la Plaza en 1826, desapareciendo el puente levadizo y la reja móvil (rastrillo) que cerraba el acceso, pero tanto las acuarelas de Carlos Enrique Pellegrini, (arquitecto y acuarelista francés, padre del futuro presidente homónimo) que muestran el frente del Fuerte en 1829, como el plano Federal hecho presuntamente por Hipólito Bacle en 1838, parecerían indicar la continuidad del foso, aún estando sin agua, hasta muchos años después..
 
Fig 14: Acuarela de C. Pellegrini mostrando el Fuerte, en 1829
 



Cabe agregar que Pellegrini representó con sus acuarelas todos los frentes que daban a la Plaza Mayor, ya divididapor la Recoba, en Plaza 25 de Mayo (del lado del Fuerte) y Plaza de la Victoria (del lado del Cabildo), pero con sus vistas de 1829, lo que llevó a varios maquetistas de la plaza de 1810 a la confusión de creer que las construcciones sobre Victoria (Hipólito Yrigoyen actual) tenían dos plantas, cuando en 1810, todas ellas eran de una sola planta, salvo la casa de los Altos de Escalada que era de dos desde 1785 y estaba casi sobre la barranca.
 
Fig 15: Plano Federal de 1838 (adjudicado a Hipólito Bacle)
 
Poco se modificó durante el gobierno de Juan Manuel de Rosas, salvo la disminución de actividades administrativas y hasta militares, ya que Rosas trasladó su residencia a la casa que se construyera en Palermo y el eje de la actividad de los Colorados del Monte a Barracas.
Sin embargo, los permanentes bloqueos, ahora no solo de Brasil, sino de potencias extranjeras como Inglaterra y Francia, mantenían en guardia permanente a vigías y cañoneros del Fuerte, que a veces disparaban para proteger alguna nave criolla, que había atravesado el bloqueo y entraba a la carrera.
Mientras tanto la imagen ya anacrónica del Fuerte , con los barcos entrando a Buenos Aires casi a sus espaldas, señalaban el otro gran déficit de la ciudad, la falta de un puerto acorde a su actividad.
 
Fig 16.a y 16.b: Daguerrotipos que muestran el Fuerte en 1852 aproximadamente
 

Ningún cambio sustancial se observa en el plano de Sourdeaux de 1848-1852, a pesar del crecimiento de la ciudad
 
Fig 16c: Plano Topográfico de Sourdeaux, 1848-1852
 

Si bien luego de la caída de Rosas, se pretendió instalar nuevamente la sede de los gobiernos en el Fuerte, el deterioro de su estructura y el anacronismo de su arquitectura, lo fueron acorralando.


Al mismo tiempo, Buenos Aires, ya transformada en una urbe esencialmente comercial, decide abandonar el recinto de la Vieja Aduana, montada sobre el casco de la casa de Basabilbaso y construir una nueva que se prolongue en un muelle de cargas. Pellegrini esboza una planta semicircular, que toma como modelo el Ingeniero inglés Edward Taylor para hacer el proyecto y construirla en 1855 en dos plantas superiores y sectores bajos aprovechando la barranca, con un muelle en el eje de más de 200 metros de largo.
Esta construcción no se superpone con el Fuerte sino que se separa de él por el Patio de maniobras, que coincide aproximadamente con el frente del foso sobre el Río de la Plata.
Como simultámeamente el entonces Gobernador de la Provincia de Buenos Aires (todavía con capital en la ciudad homónima) Pastor Obligado había demolido en 1853, los baluartes y muralla que daban al sur, se da la curiosa particularidad de que el plano para la nomenclatura de las calles, elaborado por Diego Fuentes en 1858, tiene representado medio Fuerte sobre el lado Norte de la manzana, encerrado por el baldío hacia el sur y la Aduana Nueva.por el lado al Río de la Plata.



Fig 17: Plano de Diego Fuentes (1858) con el Fuerte en proceso de desaparición

 
Quedaba entonces solo para el uso de la sede gubernamental, el sector norte del Fuerte, pero como simultáneamente aparecía en diagonal, la construcción del primer Teatro Colón, en el terreno que hoy ocupa el Banco Nación, (esta vez sí concretando un proyecto del Arquitecto Carlos Pellegrini, en abril de 1857), y si bien tanto Mitre (en 1862) como Sarmiento (1872) quisieron mejorar y adecuar con jardines y balcones el citado sector Norte del Viejo Fuerte, sus días estaban contados.
Sarmiento decide al mismo tiempo contratar al Arquitecto sueco Carlos Kihlberg para costruir en el baldío que daba al sur, el edificio de Correos y Telégrafos, con lineamientos italianos, obra que se concluye en 1879.
En 1880 soplarían nuevos aires para Buenos Aires con Julio A. Roca en el gobierno nacional y Torcuato de Alvear en la Intendencia.
El último había arrasado en dos días con la Recoba, y ya ninguna obra de su tiempo acompañaba al anacrónico palacio sede del Gobierno aún con resabios de aquel "Palacio de los Virreyes" y Roca lo hace demoler en 1882, y construir una nueva sede de Gobierno con estilo similar al edificio de Kihlberg, pero esta vez proyectado por su connacional Gustavo Aberg.
Extendida la defunción del Viejo Fuerte, el arquitecto italiano Francisco Tamburini iba a construir el arco central que conformaría la que todos conocemos como Casa Rosada, bajo la cual laten sin duda los cimientos del cuatro veces centenario Fuerte de Buenos Aires.
Ing Manuel Vila (2013)
  
 

domingo, 23 de diciembre de 2012

El hallazgo del durmiente del Ferrocarril de las Basuras, reaviva un cuento que escribimos hace tiempo: ANGEL; EL DE BARRACAS

Angel, el de Barracas.

 

El tranway de caballos, avanzaba rechinando por Caseros hacia el oeste, cuando antes de llegar a Rioja, tuvo que frenar para que pasara el Tren de las Basuras.
La parada era una cuadra más allá, en la esquina del Matadero de los Corrales, pero aprovechando que había frenado, tanto Angel como otros pasajeros, optaron por bajarse en esa esquina.
Miró alejarse el tren hacia el sur, por el terraplén que lo elevaba sobre los pantanos cercanos a "la Quema", y se imaginó esa última estación, entre fuegos y barros, entre miserias y lamentos, entre tristeza e impotencia; y giró la cabeza de un golpe, como queriendo olvidar ese paisaje que quizás le traía recuerdos lacerantes.

Caseros bullía de personajes, de los más variados perfiles; desde el típico trabajador del matadero; de alpargatas, cuchillo en la faja y sombrero de ala ancha, hasta el hacendado que montado en un hermoso caballo, venía de hacer su negocio en el remate de hacienda.

Las "casitas" llenaban la zona, tanto por Patagones como por la misma avenida, y la superpoblación masculina aseguraba clientes, a la ya rentable profesión prostibularia.
A pesar de su edad, Angel ya conocía casi todos los tugurios de los Corrales, y esas caras falsamente sonrientes, asomadas a las puertas, también parecían reconocerlo, a pesar de la profusa clientela.

Lo volvió a frenar la mirada de "Estercita", esa piba de no más de quince años, que al desamparo de sus padres había sumado la. ignominia de sus "tutores" que la explotaban desde tiempo atrás.
Pero, ¿qué podría hacer él, un mísero tipógrafo de Barracas para sacarla de esa vida?
Y, ¿qué seguridad tenía de que ella no prefiriiera esa vida, a la que él le podía ofrecer?

Allá en Barracas, algunos alentaban su afición a la guitarra y sus letrillas de tono festivo, pero ese entretenimiento, era solo eso; por ahora.
Aceptando que nada alentaba esperanza alguna, de cambiar ni su vida ni la de ella, siguió la marcha.
Ya empezaba a oscurecer, y era curioso ver el sol ponerse al fondo de Caseros, encandilando a carreros y transeúntes, mientras los mayorales y los que terminaban su turno en el matadero, se mojaban en el surtidor de la plazuela de los Corrales.

Era, en esos tiempos la única fuente de agua potable de la zona, fuera de los propios corrales, y hasta ella se cruzaban los propios vigilantes de la comisaría de enfrente, para refrescarse, cuando el calor lo aconsejaba.
Angel tenía tiempo de sobra, para entrar al baile de "Doña Pilar", en la vereda norte de Caseros, y se cruzó para mojar su cabeza, acomodando su melena descuidada, para volver luego a colocarse el chambergo.
En esa Buenos Aires de 1880, Los Corrales era un "pueblo" distinto a todo, más campo que ciudad, pintoresco en grado sumo, pero también tenebroso, cuando caía la noche.
Y la noche empezaba a caer.
 
Esquivando algunos carros detenidos en espera, se sentó en uno de los bancos de la plazoleta, casi en el borde para no incomodar a dos carreros compadres, que esperaban su turno, para entrar a cargar al matadero; pero igual lo miraron de soslayo y con cara de pocos amigos.
Es que en esa zona muchos de los diálogos, rozaban lo prohibido, y la cercanía de un extraño, creaba rápidamente el fantasma del soplón.


Angel, que ya había notado el brillo de ambos facones, optó por tocarse con respeto su sombrero y diciendo por lo bajo: "-disculpen", se corrió a un banco vecino.
Sin embargo presintió que el problema no había sido él, sino el clima previo, que ya reinaba entre ambos personajes, y en pocos momentos iba a comprobar su acierto.
Cuando intentaba ocupar un nuevo lugar en otro banco, observó que los compadres se paraban sin mucha alaraca y caminaban unos pasos hasta un lugar donde los carros estacionados, los ocultaban de la vista de la Comisaría de los Corrales.
Allí se quitaron los sacos, con los que envolvieron sus brazos, y sacaron a relucir los facones, que un segundo después se cruzaban en el aire anunciando el duelo.
Contra lo esperado, ni una palabra de ofensa, ni un grito de autoaliento ni de amenaza al rival, solo saltos felinos y tiradas a fondo del cuchillo que las "cuerpeadas" milimétricas esquivaban.

Los que increíblemente gritaban en ese Coliseo recreado por el subdesarrollo, eran los otros circunstanciales habitantes de la plaza, todos duchos en el uso del cuchillo, ya subidos a los carros, ya siguiendo muy de cerca las alternativas, a riesgo de ligar un tajo fuera de contexto.
Nadie sabía si el duelo era a "primera sangre", pero todos intuían que iba a ser a muerte, por la ferocidad de las embestidas, y el odio de las miradas.
Y de pronto los movimientos se detuvieron en una imagen grotesca pero real. El cuchillo había hecho su faena, entrando a fondo en los intestinos de uno de los contendientes, y el otro como electrizado, solo sostenía el puñal con su brazo.
Al retirarlo, el herido retrocedió unos pasos, para caer a los piés de Angel, manchando sus bombachas con algo de sangre, mientras el otro, al que llamaban "El pibe Ernesto" limpiaba su cuchillo, y escapaba por detrás de los carros.

Los vigilantes, como siempre tarde, ya llegaban al sitio, para interrogar a los presentes y auxiliar al herido, que ya no articulaba palabra.
De nada sirvió llevarlo en andas a la Farmacia de Maceyra, a unos metros, porque el inmenso tajo producido, había liberado las vísceras al punto de dejarlas al descubierto.
Un poco por lo visto y otro poco por la sangre que corría, Angel fue el único atendido realmente, por el solícito farmacéutico, cuando sus ojos se pusieron vidriosos, y sus piernas se aflojaron.
Aquello había sido demasiado para sus diecinueve años, y el cabo de policía que estaba junto a él, le recomendó irse para su casa, porque esa zona no era conveniente para un "mocoso" como él.
Pero Angel había venido a degustar ese ambiente turbio que ya conocía, a pesar de ser menor para esos años, y nada lo iba a hacer cambiar de parecer.
En cuanto se fueron los vigilantes, le dejó el muerto a Don Antonio Maceyra y se cruzó al baile de enfrente.
 
Lo común de los boliches de los Corrales, era tener una fonda adelante, que al mediodía daba de comer a los corraleros, y a la noche servía de lugar de reunión, juegos y copas, para luego abrir la trastienda a las expansiones sexuales de aquellos hombres.
Muchas veces se asomaban arrieros, que traían con ellos su guitarra y entonaban tristes milongas camperas para recordar sus lejanos hogares, pero con la irrupción de las chinas, los parroquianos usaban esa música para generar posiciones varias de acercamiento a su verdadera intención de cópula.

Y la milonga campera se iba transformando en milonga ciudadana, rítmica e impura como su ambiente; y el baile, por aquello llamado con corte, diferenciaba al sur del norte, como diría Angel después.
Pero el baile de Doña Pilar, no era así; había nacido distinto, y seguía siéndolo.
De una antigua cancha de bochas cubierta (por eso le decían tapada), perteneciente a un tal Alejandro Rubia, que había entrado en desuso, a alguien se le había ocurrido organizar algunos bailes, donde prevalecían las polcas y mazurcas, pero ninguno de sus organizadores había tenido tanto éxito como cuando la Doña se hizo cargo.

A tal punto llegaba la cosa, que hasta los propios vigilantes, se cruzaban con ropas de civil, cuando terminaba su turno, y hasta alguno había bailado con uniforme y todo.
El ambiente era divertido, pero no escapaba a la turbiedad de todo el entorno.
Cuando Angel entró con aspecto serio para disimular su edad, la música y el baile estaban a todo vapor, y nadie se había enterado (o si se habían enterado no les interesaba) del duelo y su trágica definición.

Ese lugar, al que había ido varias veces acompañado, para poder entrar, hoy en su debut solitario, se ofrecía gustoso a sus requerimientos.
Su bigote retusado al uso de la época le daba un aspecto señorial a su cara, a pesar de ser lampiño en el resto.
Su sombrero al estilo Garibaldi, disfrazaba aún más su presencia juvenil, pero al entrar, debía sacárselo mostrando su rostro.
Las chinas al verlo tan joven, se insinuaban con descaro, pero Angel tenía decidido su propio recorrido, que arrancaba por la cocina.
Ya en otras jornadas, ante algún revuelo, y la posterior llegada policial, se había refugiado en la cocina del fondo y observado allí a una moza de ojos profundos y

cuerpo gentil, que compadeciéndose de su situación, lo había ocultado de la mirada de la ley.
Y Angel buscaba un nuevo acontecimiento que pusiera luz en su vida, y lo acercara a la cocinera.
Y las circunstancias se dieron para que así ocurriera.
 
Celoso por las miradas que las chinas le habían echado al mozalbete, un borrachín de los que nunca faltan, además alcahuete; se cruzó a la Comisaría de los Corrales, para avisarle a los vigilantes de la irrupción del menor, y como no le prestaran mucha atención, inventó que le había faltado el respeto a más de una, manoseándolas delante de todos.
Ante tal atropello a la moral, los hombres de casco, entraron al baile con caballo y todo buscando al depravado, armándose el consiguiente revuelo.
Las chinas mostraban su libreta sin que nadie se las pidiera, y los hombres (todos de avería) se escabullían por tener antecedentes. Angel como era de esperarse, disparó para la cocina.
Allí fue cálidamente recibido por la consabida, que luego del abrazo y el beso furtivo, lo escondió en el mueble donde se guardaba la harina.
Los ojos del joven observaban con pavor a través de una mirilla, al cabo que le había recomendado marcharse, mientras pensaba como iba a salir de ese encierro.


La joven con ganas de retenerlo ahí, pero con miedo a que lo detuvieran, le puso un gorro y un delantal de cocina y depositó un lechón en sus manos, y así, fingiéndose ayudante de cocina, en medio del tumulto, Angel salió a la calle.
Con la intención de alejarse del lugar, caminó en reversa por Caseros, cruzando otra vez, la vía de ese tren de la infamia, que poco tiempo antes había sido guiado por la mismísima "Porteña"; se tropezó con un grupo de chicos que estaba por entrar a la Quinta de "Pancho Moreno"; pasó sin voltear frente a la casa que había sido de los Escalada, y solo se animó a tomar otra vez el tranvía de caballos frente al parque Rivadavia, ese que antes había sido el cementerio donde enterraran a las víctimas de la fiebre amarilla.

Pocos creerían luego, que aquel joven que volvía en el tranvía de caballos, por la mañana a su casa en Barracas, llevando un lechón envuelto en un delantal, iba a ponerle un sello de identificación a la ciudad.
El volvería reiteradamente a los Corrales a seguir buscando letras para su vida, y música para su guitarra.
Allí quedaba Estercita, la adolescente; quizás la misma que luego algunos llamarían Milonguita, cuando la vida del prostíbulo y el cabaret apagaran su luz; la cocinera que seguramente buscaría un amor más determinado, que ese esquivo linotipista de Barracas; y el cuerpo exánime de ese guapo que como tantos otros, se fueron sin emitir una queja.
"El Pibe Ernesto", vagaría por otros lares, alternando la libertad con "la gayola" mientras generaba una aureola de temerosa admiración, y Angel Villoldo, ya tendría
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nuevas anécdotas para contar, y nuevos personajes para incorporar a sus tangos, o para cedérselos a otros que vendrían detrás de él, en ese mundo de ficción y realidad, que había abierto con tan solo, un viaje en tranvía a los Corrales.
 
Autor:"Chingolo"
 
 
 
Nota
: Todos los ambientes son reales, en ese lugar y en ese tiempo, así como los nombres de sus dueños y/o habitantes, salvo "Estercita"(Milonguita) y "El Pibe Ernesto"(Ernesto Ponzio) que están transportados a esos sitios (muy cercanos a los que crearon su fama) como parte de la ficción.
El Matadero de los Corrales es hoy el Parque de los Patricios.
La Plazoleta de los Corrales hoy es la Plazoleta Cnel. Pringles.
El Parque Rivadavia es hoy el Parque Ameghino.
El eje del cuento es un poema de Angel Villoldo titulado "Un paseo a los Corrales", del cual sí hemos hecho una versión más que libre.