sábado, 28 de mayo de 2016

Juego del Truco, Historia e interpretación

El Truco:

En la edad media se usaba ya el verbo en latín trocare, cuyo origen parece haber sido en principio torquere, y luego sufrió una transposición de la r pasando a troquere, y/o trocare. Su significado original de torcer, dar vuelta, se acopla al de trocar, cambiar o intercambiar cosas, de uso en el Medioevo y llegada a nuestros días. El acto de trocar es el trueque.

Siendo el trueque un sistema en uso desde la antigüedad; durante los siglos XII  a  XIV después de Cristo, sin mayor difusión de la moneda metálica, y con las fortunas reducidas a los señores, favoreció su desarrollo entre campesinos y burgueses, como medio de intercambio de bienes y productos, pero no se vió ajena a su uso, la propia nobleza ante la falta de otros recursos.

Siendo siempre subjetivo el valor de los bienes a intercambiar, definir sus valores comparativos implicaba una discusión entre ambos “trocadores” hasta el acuerdo que facilitaba el trueque.

Los juegos de naipes (nahipi en árabe) o barajas llegan a España en esa misma época introducidos desde Oriente (China e India) por los árabes. La clásica división en 4 palos de la baraja (oros, bastos, espadas y copas) si bien ya encuentran raíces en tiempos muy anteriores, caracteriza las ocupaciones de los hombres destacables de aquellos tiempos, desconociendo las labores de campo que no se consideraban de jerarquía, en:  1) si se destacaba por su fortuna (oro), 2) si eran hombres de espada (espada); 3) si eran funcionarios de la corte cuyo símbolo era el bastón (bastos); y 4) hay distintas interpretaciones de las copas que van desde el comercio hasta el arte.


En ese momento y con esos elementos nace el juego de cartas o naipes del  troque, que luego pasará a truque, y terminará en truco. [Algunas versiones lo vinculan a la expresión árabe truc, pero la existencia de palabras de origen o derivación latino-romance, eran siempre preferidas hasta como resistencia por los cristianos, y su uso llega cuando ya España está expulsando a los árabes].

Las acciones de cada mano donde cada “trocador” muestra su carta y supera o pierde en valor frente a la del oponente, recuerdan el intercambio en el trueque en este caso sobre un elemento ficcional (la carta) con un valor predeterminado (la escala de valores de cada una que se estableció). El abrir la “mano” también refiere a lo que muestra cada uno hasta ese momento en sus manos, y el ganador de una mano, abre la otra para ofrecer ahora la ventaja (como corresponde a un caballero medieval) a su contrincante. El que gana dos manos, gana el juego.

Como inicio de “cortesía” el jugador que tiene la “mano” invita al otro a comparar sus elementos de juego antes de iniciar el intercambio, ese acto que toma el verbo también latino de invitare (de in vita, introducir en su vida), que en esa derivación medieval se ha suavizado a envidare, se llama por lógica ”envido”, y el contrincante puede aceptar esa invitación y medirse , desafiar si tiene valores que considera superiores, o rechazarla y pasar al “trueque” sin más.

Como particularidad, el “envido” compara posesiones en cantidad de una línea de valores, a través de la suma de dos cartas del mismo palo, se demuestra ser rico en cantidad de oros o espadas, por acumulación de valores superando en número al contrincante (33 contra 30, por ejemplo) aunque los palos mostrados por cada uno sean diferentes.

Es una toma de posiciones de “acreditación personal” de quienes van a competir.

En el truco, que viene luego, los valores son específicos de las cartas, definidos por un órden que si bien es difícil de evaluar, tenemos algunas pistas; las dos cartas de mayor valor son el as de espadas y el as de bastos. Considerando que el término as debe derivar de aes- aeris que eran las monedas de cobre y bronce romanas y que dos de ellas representaban la espada y el basto, no parece quedarnos dudas de que hablamos de valores monetarios instalados en esa sociedad como referencia histórica superior, y como tales tomados en el juego.

Por detrás de ellos ya el órden no es tan fácil de determinar en cuanto a su origen y significado; ¿porqué los otros dos ases, quedan tan lejos en su valoración, superados por los dos y los tres?, y ¿porqué dos de los sietes se instalan solo por debajo de los dos ases mayores y los otros dos caen en el vacío numérico? son incógnitas que por ahora quedan en el rincón de los misterios, hasta que un documento inesperado, o una mente más inteligente (que la mía) logre desentrañarlas.

Curiosamente, como el desafío a “trocare” es previo a cerrar el intercambio, se prestó (como en la realidad de los trueques) a exagerar el valor de las piezas guardadas a cambiar y a la “mentira” para ganar el juego si el oponente se asusta. Se está ocultando el verdadero valor….se está “trucando” ese valor. Y coincide esa etapa de transformación de la denominación del juego de troque a truque, con el comienzo del uso de la palabra trucar por engañar o falsear un valor determinado.



Hasta qué punto los vocablos influyeron en el juego, o el juego en el sentido de los vocablos, es un tema difícil de determinar, pero está claro que su transformación fue contemporánea.

El truco ya instalado mayormente en Valencia, Castilla y Galicia, se hizo costumbre prevaleciente sobre otros juegos de cartas en Argentina, Uruguay y Paraguay ocupando también la atención en varios países americanos.

Su uso se hizo tan popular que sirve para caracterizar hasta a las personas, en una sociedad individualista donde todos queremos ser ases, y ninguno un cuatro de copas.



Manuel Vila 2016

martes, 17 de mayo de 2016

De eslavos a esclavos (y no es una cuestión semántica)

Como en casos anteriores una publicación, (y nuestra natural curiosidad) nos lleva a una investigación.
La aparición de la denominación Sclavonia en los planos de 1600 a 1700, en zona al este del Mar Adriático, por Eslavonia, donde habitaron eslavos, nos hizo pensar en la posibilidad de que ese adjetivo, por función haya generado el de esclavos, y nos metimos a investigar porque sabíamos que el sustantivo usado en tiempos romanos para esa clase social era “servus-i / serva-ae”, dado que estaban condenados a "servire" a su amo, por compra u otra forma de dominio, y no existía raíz que derivara en “esclavos”.
Y así nos fuimos enterando de que efectivamente durante la edad media, tanto los alemanes, en incursiones desde el norte como los árabes, tomaban eslavos prisioneros y los sumían en la esclavitud, siendo valorados por su cabello claro y sus ojos celestes.
Como los antiguos “servus” habían ido logrando regímenes de semilibertad en los cultivos de los señores, transformándose en siervos de la gleba, el sustantivo ya no calzaba para el régimen duro impuesto a los eslavos (que en la pronunciación germana sonaba a sclab y en la árabe de el-andalus a squelab), derivando en el adjetivo esclavos para las lenguas romances.
Los árabes de España, los usaban para cuidar sus harenes después de castrarlos, siendo Sevilla un centro usado al efecto, y Verdún, en Francia, otro.
Se relata que hasta los Papas y obispos zonales, tenían eslavos, por esclavos, sobre todo en los estados del Norte de Italia y España y Sur de Francia, Suiza y Alemania.
Por las dudas buscamos algún otro sustantivo usado en tiempos romanos que pudiera contrapesar ese origen medieval y eslavo de la palabra esclavo, y solo aparece “mancipus” de Manu-captus, o sea el que era capturado y llevado a mano por su amo, lejos de la raíz que buscamos. Cuando se liberaba de ese yugo, se “emancipaba”.
Queda entonces confirmado que el vocablo que comenzó caracterizando a una etnia como los eslavos, terminó denominando el suplicio que los mismos sufrieron, como esclavos.
Manuel Vila (2016)

lunes, 11 de abril de 2016

      Historias cruzadas de pucaráes y fuertes
            Mendoza, Argentina
Informe elaborado a partir del viaje de investigación y relevamiento a la zona de Cuyo,  efectuado por el autor en marzo-abril de 2016.

La zona media de Mendoza, fue el límite de avance de los incas sobre las otras poblaciones originarias existentes, sobre todo por la resistencia  de los pueblos ubicados al sur, tanto en Argentina como en Chile. Los mapuches descollaban dentro de ese grupo de resistencias.

En ese contexto, cuando los españoles irrumpen en la zona, tanto desde Chile como desde el norte de la propia Argentina, algunas tribus dominadas por aquellos, como los diaguitas o los huarpes, ven al vencedor de “su enemigo” como “su amigo”, correspondencia que resultaría para ellos una falacia, como veremos luego.

1)El Pucará que dio origen a la Ciudad de Mendoza

Ya desde 1551, con el ingreso de Francisco Villagra (desde Cuzco, pero por mandato de Pedro de Valdivia, por entonces Capitán General de Chile), a reconocer la zona, se establece una buena relación con los huarpes, que hace que 10 años después (en febrero de 1561)  ese grupo originario ceda uno de sus pucaráes a Pedro del Castillo para fundar la Ciudad de “Mendoza del Nuevo Valle de La Rioja”. El mismo estaba atravesado (o bordeado) por un canal de riego artificial, creado por los mismos huarpes tomando aguas del Río Mendoza, que luego de servir a varios fines retornaba al mismo río sus excedentes. Este canal que lleva el nombre de Guaymallén aún perdura y a su margen oriental se habría fundado la ciudad.

Cuestiones de cambios políticos en la Capitanía General de Chile, hacen que en marzo de 1562, Juan Jufré  como enviado del nuevo Capitán General “refunde” la ciudad a una distancia que según su relato dista “dos disparos de arcabuz” de la fundada por Pedro del Castillo, y está emplazada en “zona más alta”, en la margen occidental del canal .

Hemos estado en estos espacios donde se emplazaran esas supuestas dos fundaciones, y los argumentos esgrimidos por Jufré para hablar de una refundación, nos resultan falaces y solo planteados para cobrar nuevos derechos de fundación. Ambas riberas del Guaymallén (hoy canalizado pero a cielo abierto), se muestran casi en altura equivalente y superiores al entorno, cumpliendo las condiciones que los pucaráes aborígenes exigían: altura predominante, y curso de agua cercano, con lo que no diferenciamos el segundo del primer emplazamiento. El arcabuz de Jufré debe haber disparado “balas de salva”. De todos modos la ciudad crecerá hasta el terremoto de 1861, en la ribera oeste de dicho río, lugar determinado por Jufré.












Los españoles se instalan en Mendoza, pero a pocos kilómetros hacia el sur, la zona aun controlada por tribus amigas, era permanentemente batida por las tribus del sur, a lo que colaboraba la despoblación que los españoles originaron, remitiendo aborígenes amigos, a las minas del otro lado de la cordillera.

A inicios del siglo XVII los mapuches habían destruido en su guerra territorial, las siete ciudades chilenas  al sur de Valdivia, y desplazado a los tehuelches ocupando amplias zonas de Argentina. Al mismo tiempo, “naciones” que originalmente eran amigas, como los pehuenches y huiliches, se habían araucanizado transformándose en enemigos potenciales.  El camino de mercaderías desde Buenos Aires a Santiago y viceversa, estaba comprometido.

Simultáneamente y a lo largo de los siglos XVII y XVIII las dificultades del cruce de los Andes irán llevando a Cuyo a depender más directamente de los flujos y abastos de Buenos Aires que de los de Santiago, razón por la cual, al crearse en 1776 el Virreinato del Río de la Plata, se lo incorporará al mismo, separándolo de la Capitanía General de Chile.

2) Los fuertes pactados con tribus amigas: San Carlos; San Juan 
Nepomuceno y Aguanda

En tal situación, ya en 1760 se empieza a elaborar un plan de frontera al sur de Mendoza, que eslabonando fuertes a distancias no demasiado extensas como para poder auxiliarse mutuamente, puedan al mismo tiempo proteger, al que unos años después se llamará “Camino Real de Sobremonte”.

El citado Rafael de Sobremonte, luego Virrey, y en ese momento Gobernador de Córdoba del Tucumán promueve la creación de dos fuertes a escasa distancia El Fuerte de San Carlos, y el de San Juan Nepomuceno.

En 1770 se construye en la localidad que lleva su nombre, el Fuerte de San Carlos, con planta cuadrada y 4 baluartes esquineros, rodeado por un foso de 4 metros de ancho, primero en doble empalizada y luego mampostería,  con la particularidad de que sus gruesos muros, a pesar de estar conformados por adobes, estaban fundados sobre cimientos de piedra bola, de bordes redondeados, de la que los glaciares y ríos de montaña, arrastraban y redondeaban a su paso, asentada con cal materializando los ya usuales cimientos "de cal y canto" Solo perduran los restos de un baluarte de aquel fuerte donde San Martín parlamentara con los caciques, pidiéndole autorización para cruzar la cordillera por los pasos que ellos ocupaban, y degradado desde el punto de vista patrimonial por el fijado de varias placas de bronce adosadas al muro, cuando deberían estar en una estructura externa.

Más al sur se construye en 1772 el denominado “Fuerte San Juan Nepomuceno”, y ya en 1789 con Cuyo incorporado al Virreinato del Río de La Plata y Mendoza como capital Departamental, el llamado “Fuerte Aguanda” a orillas del Arroyo homónimo. [Sobre estos fuertes hicimos un recorrido y trabajo especial que documentamos en otro sector de esta investigación].





3) El pucará que da origen al primer Fuerte de San Rafael

Sin embargo, las tribus del sur seguían atacando los caminos, y robando hacienda aún de zonas bonaerenses y pampeanas, cruzando luego las fronteras hacia Chile, por los pasos que dominaban. Por 1805 el entonces Virrey Rafael de Sobremonte determina arreglar el paso a Chile por Talca para lograr que los productos de Buenos Aires pasen a Chile, haciendo navegable el Río Claro desde San Agustín de Talca, logro que no parece haber conseguido.

Este proyecto que aprovechando  “el boquete del Atuel” en tiempos de cese de la presencia de nieve, intentaba una comunicación bioceánica, y que se llamó “Camino Real de Sobremonte”; por las razones expresadas, no llegó a completarse.
Como a su vez el Virrey Sobremonte, deseaba  consolidar el extremo sur mendocino con otro fuerte,
establece en 1804 un acuerdo con las tribus amigas de la zona, (especialmente los pehuenches) que le permita controlar a las que no lo son. Recibe de estas para fundarlo, con el nombre de San Rafael del Diamante (en su propio homenaje) un pucará preexistente en el encuentro de los ríos Diamante y Atuel. Elaboramos un borrador de trabajo para buscarlo antes de llegar a la zona.


Este fuerte, cuya construcción inicial presunta, en la confluencia (en aquel momento) de los ríos Atuel y Diamante, se adjudica  al portugués Miguel Telles y Meneses, de haberse cumplido debe haber sido durante el mismo 1804 ya que decidido su traslado, la construcción del segundo se inicia en enero de 1805. 




4) ¿Por qué se muda el emplazamiento del Fuerte San Rafael?

La aceptación original de Telles y Meneses del lugar cedido por los aborígenes iba a durar poco tiempo por dos razones fundamentales:

1) las tribus que durante un siglo habían resistido los embates de los incas desde el norte, construían sus fortificaciones (pucará) dejando los ríos a modo de foso que frenaba los ataques, justamente al norte de esas construcciones; para los españoles que debían protegerse de los ataques de las tribus del sur, esta ubicación, no solo no los protegía, sino que impedía abandonar la posición en caso de verse superados por los atacantes, transformándose en una trampa.

2) Los continuos cambios de cauce y de caudal que sufrían (y sufren) dos ríos de deshielo como son el Diamante y el Atuel no ofrecían una posición estable, para ese emplazamiento. Hemos estado en el sitio original y de hecho hoy los ríos no se comunican. En aquel entonces las crecidas del Diamante se volcaban a la Laguna “Negro Quemado” y esta por desborde descargaba en el Atuel, pero hoy su existencia ha sido reducida por la presencia de viñedos que ocupan amplias superficies, y los cauces del Diamante y del Atuel, han sido excavados y endicados  y sus márgenes en muchos casos protegidas para evitar la impredecibilidad de sus cursos, alejando a uno del otro, y evitando su contacto.

De cualquier modo observando en el Google Earth determinamos el presunto punto de contacto de antaño y descubrimos en él al visitarlo y recorrerlo (en el cruce con la ruta 143 y a un kilómetro de Villa Atuel, sobre la ribera sur) la elevación y los restos que parecen denunciar su pretérita presencia.








5)El segundo Fuerte de San Rafael del Diamante

Según las verificaciones que hemos hecho, se confirma que el traslado de ese primer fuerte se produce en el curso del año de 1805, ya que se dispone de un informe de recorrido entre los fuertes de San Carlos y San Rafael durante enero de 1806, que con la traspolación de medidas, ya remite a su nuevo emplazamiento en la Villa 25 de Mayo, en las inmediaciones de la actual Ciudad de San Rafael, y no al original emplazamiento entre “Negro Quemado” y Villa Atuel.

En efecto constan documentos que indican  que en la actual Villa 25 de Mayo, y sobre la ribera norte del Río Diamante (usando el río como foso de protección de las tribus del sur) se inician en enero y se concluyen en abril de 1805 las obras a cargo de Telles y Meneses de un fuerte de planta cuadrada y cuatro baluartes también cuadrados. De construcción con planta, elevación y materiales similar a la citada para el Fuerte de San Carlos.

Como en los casos anteriores, los aborígenes de tribus amigas, participaron activamente en la provisión de materiales y aporte de mano de obra para la construcción.



Si bien Humberto Lagiglia (laureado investigador mendocino fallecido en 2009) afirma que el emplazamiento actual es el original de 1805, en base a sus calificados trabajos, y podemos aceptar esa permanencia y originalidad, en el caso de cimientos de piedra bola gigante ligada con cal, de difícil arrastre por las crecidas, sabemos que esas crecidas del Diamante, borraron los muros, varias veces reconstruidos (la última vez en 1970) y tantas veces arrastrados, conformados por adobes de baja resistencia para tales embates.

Restan sectores de dos baluartes y parte de la cortina que los unía, sobre un nivel en superficie plana, y a pocos metros arranca la pendiente hacia el río, que parece haber devorado, el resto de lo que fuera la planta del Fuerte.

Nuestra presencia, confirmó obras actuales de “puesta en valor” detenidas, de criticable conveniencia, con materiales definitivos, entre excavaciones cercanas presuntamente arqueológicas, derrumbadas por las lluvias, todo un panorama que no augura un futuro, acorde a la historia del fuerte.








6)Ubicación histórica de los fuertes intermedios

Entre el 18 y el 21 de Enero de 1806, un francés al servicio de España Don J. Sourryere de Souillac, remite un informe a Sobremonte, sobre el denominado “Camino Real de Sobremonte” consistente en un diario de todo el recorrido al que denomina: “Nuevo recorrido de la Gran Cordillera, desde Buenos Ayres a Santiago”, que en su capítulo: “Desde el Fuerte de San Rafael a la Villa de Luján” nos da las distancias medidas en leguas en su recorrido entre los Fuertes de San Rafael y San Carlos, ubicando al mismo tiempo los fuertes intermedios, transcribimos ese cuadro de distancias en leguas:

Desde                      hasta                leguas
Fuerte San Rafael    Arroyo Agua Hedionda  5
Hedionda                Carrizalito                   5                         
Carrizalito               al Ranchito                  3                        
Ranchito                  Piedrafilar                   4                  
Piedrafilar                Las Peñas                   4                      
Las Peñas                Cormani                      8                    
Cormaní             Fuerte S J Nepomuceno     5   
Fuerte S.J.N.             Aguanda                    3                      
Aguanda                   Fuerte San Carlos       8
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7) Recorrido actual para referenciar presencia de restos de los fuertes intermedios

Tratando de reproducir ese trayecto, entre marzo y abril de 2016, hemos recorrido las rutas 143 y 40 que unen las localidades de San Rafael con la de San Carlos en tres oportunidades registrando las distancias entre puntos identificables, para compararlas con las del informe, aceptando que pese a que las rutas 40 en ese tramo, y 143, a pesar de ser muy antiguas, como recorren un valle ancho, podrían tener alguna variación con respecto al camino seguido por Sourryere en 1805, pero que esa variación no puede ser demasiado significativa.

Debimos reconocer las denominaciones del informe en las nuevas denominaciones, considerando los dos siglos de tiempo y el cambio de nombre (y curso) de los arroyos.

Mostramos el borrador de trabajo, donde queda claro que originalmente, teníamos dudas sobre si el "Arroyo Aguanda" de antaño, era el Aguada del Chancho de la actualidad, su existencia con el mismo nombre en el recorrido, nos sacó del error.


Observamos como detalle fundamental del recorrido, la presencia de una elevación artificial de tierra de aproximadamente 3 metros, coronada por murete artificial, en la parte posterior de una propiedad privada que documentamos, y que pese a estar encubierta como un presunto estanque, responde a las características de un fuerte en el kilómetro 90 del recorrido (partiendo del fuerte de San Rafael), a la derecha de la ruta 143 que conduce a San Carlos y unos metros antes del cartel indicador de “Paso de las Carretas”. Su imagen ante el Google Earth lo muestra con su planta rectangular confirmando la referencia. *La posición verificada luego en la comparación de recorridos, remite al Fuerte de San Juan Nepomuceno.




Hemos recorrido dos veces la distancia desde el punto de conexión de la 150 que lleva a Villa 25 de Mayo, hasta su empalme con la 143, para remitirnos al Fuerte de San Rafael y no a la Ciudad nueva, y descontado los 14 kilómetros desde ese punto a la ciudad, para concluir que desde san Rafael a San Carlos por las nuevas vías hay 122 kilómetros, y en el informe de Sourryere suman 45 leguas, lo que da un promedio de 2,67 kilómetros por legua.

Si bien es muy exiguo en relación a las medidas de legua castellana (aprox. 4 km) debemos considerar que por definición, desde su uso por los romanos, la legua era la distancia que se podía recorrer en una hora; y en ese relieve orográfico de desniveles apreciables, y arrastrando equipamiento, los carros no podrían avanzar demasiado, y tampoco sería tan precisa la mensura con relojes de agua o arena, o contando giros de ruedas ya medidas, en esas unidades de tiempo.

8)Cuadro comparativo de los recorridos de 1805 y 2016

Admitiendo entonces (con reservas) esa equivalencia, proyectaremos sobre el mapa actual y sobre dos rectas ambos recorridos para comparar  referencias y posicionar fuertes.


La observación de este diagrama comparativo muestra, haciendo coincidir inicio y final con los fuertes de San Rafael y de San Carlos una casi total correspondencia de los 4 puntos internos donde las denominaciones coinciden (Arroyo Agua Hedionda; Arroyo Las Peñas; Fuerte en correspondencia con el San Juan Nepomuceno, Arroyo Aguanda en correspondencia con el Fuerte Aguanda que estaba a orillas del mismo), con lo que aceptamos que la relación legua/kilómetros adoptada es válida, y confirma que el fuerte (encubierto como estanque en propiedad privada) que registramos en el recorrido actual, es el Fuerte de San Juan Nepomuceno.




9) Conclusiones

Considerando el nuevo “status” patrimonial del “Camino del Inca", como Patrimonio de la Humanidad, el relieve que el mismo otorga a los “pucaráes” en muchos casos preexistentes a la irrupción de los Incas, como puntos de control y vigilancia del mismo, y la particularidad de este extremo de la dominación incaica, donde los caminos originales debieron torcer su ruta pasando al otro lado de la cordillera, por la resistencia de “naciones” hostiles a su avance, y el particular proceso de transformación de algunos pucaráes a fuertes españoles, por cesión amistosa de “naciones” también amistosas a los conquistadores, debemos valorizar los restos de esas presencias.

En ese sentido se debe intentar recuperar los restos de esas presencias de fuertes y pucaráes, recuperando su titularidad pública cuando sea posible, y/o colaborando en su puesta en valor sea la misma de dominio público o privado, con obras asesoradas por especialistas, que no desvirtúen los valores patrimoniales reales.

Esa puesta en valor promueve un turismo que ayuda a sustentar el mantenimiento, si se cuida que su impacto no sea negativo, y ayuda a destacar otros valores de la zona donde está situado el bien patrimonial.

En ese sentido vemos un proceso incorrecto y de futuro incierto, en las tareas desarrolladas en los restos del Fuerte San Rafael de la Villa 25 de Mayo, y una inexistencia de presencia en defensa del patrimonio, en el Fuerte de San Juan Nepomuceno, sumadas a la aplicación directa de placas de bronce, a los restos del baluarte del Fuerte de San Carlos.

Lo grave de la no intervención del estado en la protección de bienes patrimoniales se verifica en otra “joya” patrimonial existente en la zona, el llamado “Pucará del Atuel” que formando un conjunto con el Rincón del Atuel y la Cueva del Indio, hoy resulta inaccesible por estar encerrado en propiedades privadas, y se dice que se han removido las pictografías hechas por los huarpes, antes y durante la llegada de los españoles.




Actuar tarde en la protección, en algunos casos, es formar parte de la desprotección.
Abril de 2016                                                   
Autor:  Ingeniero Manuel Vila 
Experto Icofort - miembro Icomos


 ingmanuelvila@hotmail.com    Facebook: Manuel Vila García

jueves, 3 de marzo de 2016

Sobre el origen del nombre Bucaramanga

Estamos trabajando sobre el tema de las construcciones fortificadas aborígenes en América del Sur, comunmente denominadas "pucará" cuando se ejecutaron en altura y de dimensiones no demasiado importantes como para conformar un poblado.

De las mismas surgió un análisis sobre el origen del nombre Bucaramanga, que caracteriza a una ciudad de Colombia y al departamento del cual es cabecera.

Remitimos sobre ese tema una nota al Alcalde y la reenviamos a dos periódicos, en los siguientes términos:



Estimado Alcalde de Bucaramanga:

A partir de mis estudios de varias lenguas, tanto europeas como americanas, he tratado de colaborar con  la etimología que diera origen al nombre de distintas localidades.

En España, he encontrado el origen del nombre Lalín (antes Laliño, derivado de estar en la línea que une Ourense con el ansiado Santiago de Compostela), que fuera publicado en el periódico "La Voz de Galicia"; en Italia el origen de Mondolfo (Mont do Lupo- monte del lobo con origen en latín y comienzo de derivación italofrancesa);  Mondavio (Mont d´avium- monte de las aves, con similar origen y derivación).

Respecto a los nombres de localidades americanas son derivadas principalmente de aymara y quechua con variantes de acuerdo a la localización del grupo social asentado en el lugar de análisis, que remiten a su vez a un posible origen (las equivalencias son múltiples) maorí  (Nueva Zelanda) y otras lenguas de oriente.

En ese orden he leído algunas presunciones del origen del nombre Bucaramanga, con las cuales no coincido.

La voz maorí "puhara" que se presenta en quechua como "pujara" o "Pucará" denota en ambos casos una construcción fortificada en altura con fines de observación, es equivalente al "atalaya" de los arabes de España. 
La voz "mauca" o "mawca" en quechua se usa para denotar antiguedad de cosas o animales (no para personas) habiendo derivado en algunos casos (como en el lenguaje de los mapuches de Chile) en "manka" o "manga".

Sin forzar en absoluto las voces si se compone "pucará" y "manga" que conforman la significación de una construcción fortificada antigua o directamente (ya que se usa en castellano para esa significación) un viejo pucará, se llega rápidamente al vocablo bucaramanga. 

Su uso conjunto suavizó la primera consonante, la asociación de ambos vocablos obliga a eliminar el acento original para extender la aspiración y abarcar el conjunto de ambos  y el resultado de Bucaramanga es absolutamente compatible con ese origen.


Simultáneamente a tratar de interpretar el origen etimológico se debe buscar que esta denominación, tenga asidero en la realidad de la época, y allí comprobamos que cuando en 1622 se trata de reunir por parte de los españoles a los aborígenes que querían remitir a las minas para ese duro trabajo, se los concentra en un ámbito preexistente de los mismos que ellos llamaban seguramente Pucara o Bucara,  mientras construyen (a lo largo de dos meses)  a un kilómetro un lugar de concentración y control, al que simultáneamente se caracteriza como "Real de Minas".  Los aborígenes diferencian entonces al "viejo Pucará" como pucara manga o directamente Bucaramanga.

El uso del vocablo "Real" por parte de España, estaba reservado para la construcción de un asiento fortificado, con lo cual el paralelo es absoluto con la posible concentración de los integrantes del pueblo oríginario, en un nuevo espacio que tuviera esas características, y su consecuente obligación por parte de ellos, de diferenciar el nuevo, del viejo recinto fortificado.

Un poco para asimilar su nuevo "domicilio" al antiguo, y dada la similitud de funciones los españoles deciden mantener la designación de Bucaramanga (Viejo Pucará), que ya identificará en forma permanente al poblado fortificado.


El resto es la historia de la actual ciudad, y cabeza de partido de Bucaramanga.

Como siempre lo he hecho, pongo a disposición de Ud. esta investigación para que de su divulgación surjan los aportes, que nos lleven a su confirmación o a su rebatimiento por parte de quien así lo desee.

Ingeniero Manuel Vila
Buenos Aires -- Argentina 
Unico experto Icofort-Icomos-Argentina (para Unesco)
Pueden consultar blog: Foro de la Memoria Parque Patricios
    Mi identidad digital es: en facebook  Manuel Vila García
                                                 y en Hotmail: ingmanuelvila@hotmail.com

(Nota: no soy la persona que aparece en la fotografía, en otras entradas tienen imágenes mías)