lunes, 23 de abril de 2018

¿Guarda Buenos Aires, una herencia Templaria?

¿Guarda Buenos Aires una herencia Templaria?


Nos casamos en la Basílica de Nuestra Señora de los Buenos Aires, con María Angélica, en 1975, y la longitud de su nave es tal, que pensé que nunca llegaría al altar. 

Pero eso ocurrió, y aquí estamos, 43 años después volviendo a visitarla.




El portalón, con Don Juan de Garay, mostrando su rollo, ya nos ofrece algunas sorpresas, por cuanto, de la lectura del texto del rollo (1580) surge un reconocimiento histórico, y recrea una duda. 





Si dice: "Estando en este puerto de Santa María de Buenos Aires, hago y fundo la Ciudad de la Santísima Trinidad......" es porque Garay adjudica y reconoce a Pedro de Mendoza, la fundación previa del "Puerto de Santa María de Buenos Aires", 

pero: opción 1) no le da jerarquía de ciudad ni asiento al establecimiento que aquél hiciera en 1536, opción 2) Funda la Ciudad en otro punto. 


De hecho, la denominación de Santísima Trinidad" no existente en tiempos de Mendoza, es introducida por Garay para la Ciudad, pero el tiempo le daría un impensado premio a Don Pedro, porque la denominación del inexistente puerto (hasta muy entrado el siglo XIX) se impondría al programado por Garay, para la Ciudad, a pesar de que oficialmente ese nombre fuera el oficial hasta 1996.




Apenas ingresamos, nos llama la atención la repetición de cruces patadas, al estilo de la usada por los templarios, en los lugares más insólitos de la basílica. sean estos:

un detalle en bronce bajo los apliques de iluminación






Como lo muestra esta ampliación







Por encima de las capillas inferiores a los vitrales 








como lo muestra este detalle:








más notorio ampliando








Y ya en forma explícita en esta insólita maqueta de una de las carabelas (presuntamente de Colón) con la cruz roja patada en sus velas.











O en la representación de un obispo en la otra hoja de la portada luciendo una biblia con la cruz latina, pero mostrando la cruz patada en su capelo.








Como las muestran estas ampliaciones











A partir de estas curiosidades, nos decidimos a bucear en la historia de esta Basílica, puesta a cargo de la Orden de los Mercedarios, por cuanto la Orden es la responsable de la capilla invocatoria de Nostra Signora di Bonaria (Patrona de los navegantes en el siglo XV) con sede principal en Cagliari, Cerdeña, de cuya advocación, Don Pedro de Mendoza, dispusiera el nombre del puerto que fundara.




Y allí surge que esta Orden de la Merced creada en 1218 por Pedro Nolasco (luego santificado), se crea con el fin de redimir a los prisioneros del Islam, y como heredera y similar a la Orden de los Caballeros Hospitalarios, se le otorga para cumplir su misión, atribuciones religiosas y militares.

En 1235 el Papa le impone a la Orden de los Mercedarios, el reglamento de San Agustín; en las categorías de religiosos y caballeros, y en esa tarea eran investidos respectivamente por el Obispo y el Rey en lo canónico como en lo militar.

Los Caballeros Hospitalarios,


 Primer uniforme                                                       Segundo uniforme


que eran previos, eran ordenados con funciones similares a los Templarios, pero con menos exposición militar, lucían ya como señal una cruz patada, pero invertida respecto a la de los templarios, con color blanco sobre fondo primero negro y luego, casi siempre rojo.








A partir de esta tarea similar y el hecho de que Pedro Nolasco hubiera nacido en Barcelona, por entonces Reino de Aragón, cuyo escudo de palos era:




(De la bandera con esos colores, surge la bandera independentista de Cataluña, curiosa transformación de un escudo condal y nobiliario en un estandarte independentista)



El Papa otorga a los mercedarios el escudo:








Que combina ambos campos heráldicos, y mantiene la corona real.



Lo que se ve reflejado en una placa instalada en su puerta, donde se festejan los 700 años de la Orden en 1918.









Pero que ampliando observamos el escudo mercedario con su cruz patada a un lado y el escudo con la cruz latina al otro:























Por supuesto que esto no explica la cruz patada roja templaria en la maqueta de la carabela colombina, ni la bandera templaria dispuesta por delante, de la propia Bandera Argentina,









pero si revisamos que suprimida la Orden Templaria en 1312 por Clemente V, dispone que sus bienes y funciones pasen en su mayoría a la Orden de los Caballeros Hospitalarios, empezaremos a encontrar un hilo muy grueso de contacto, mucho más cuando otra orden de 1335, los pone directamente en manos de los Mercedarios.



Convengamos entonces, que el espíritu templario sobrevuela el carácter fundacional de la ciudad en la invocación a Nostra Signora de Santa María de Bonaria, y perdura en la gigantesca nave de la Basílica que la tiene como patrona.



Manuel Vila


2018 (a ochocientos años de la creación de la Orden de los Mercedarios)

domingo, 7 de enero de 2018

¿Es Argentina un país con vocación destituyente?.

¿Es Argentina un país con vocación destituyente?.











Desde la sanción de la Constitución Argentina en 1853, ha habido diferentes apuestas al derrocamiento de quienes sustentaban el poder, por quienes no lo hacían; algunas veces en forma manifiesta y violenta, y en otros disimulados en otros procedimientos.Urquiza y Mitre, recurrían a la fuerza militar propia y prestada, para alternarse, apareciendo la primera variante sobre este modelo, con Leandro Alem, que propicia las milicias populares en los cantones, para derrocar el régimen de Juarez Celman, si bien el General Campos le prometió un apoyo militar que no parece haber sido cumplido.

Hipólito Yrigoyen, cansado de padecer los “acuerdos” roquistas, para evitar la llegada  del radicalismo al poder, jugó dos veces su fortuna personal, en revoluciones “progresivas”, donde iba captando amigos y convenciendo enemigos, mientras tomaba destacamentos y cuarteles, sin lograr el objetivo final de remover el sistema vigente.

El mismo, inauguraría el proceso de “abstención revolucionaria” que como la política de “tierra arrasada” iría despojando de poder y representatividad a los gobiernos elegidos a dedo, y que de hecho desembocarían en la Ley Saenz Peña, de supuesto sufragio universal, aunque las mujeres, siguieran estando fuera de ese “universo”.

Proyectado Yrigoyen a la Presidencia en 1916, sufriría largamente, un proceso de “obstrucción” de sus políticas, a través de Cámaras de representantes, plagadas de conservadores, que se oponían sistemáticamente, sumando a integrantes de su propio cuño radical, planteados como “antipersonalistas”. Era una falacia ya descripta por los griegos, aquella de atacar a la persona, cuando no se podía atacar sus argumentos.

Llega 1930, y con Uriburu, irrumpe nuevamente el “golpe militar” para arrasar con el poder, doblemente lesivo, proviniendo de quien ha jurado por la Constitución, defender el sistema vigente, y por ser generado por quienes han recibido armas, justamente para esa defensa.

La gravedad de este hecho, queda en un plano todavía reducido, cuando el órgano representativo de la justicia, nada más y nada menos que la Corte Suprema, convalida el golpe, introduciendo la nefasta teoría de la “revolución triunfante”.

De ella se valdrán los golpes militares posteriores, de la misma década del 30 y aún de la del 40, “suspendidos” durante las Presidencias justicialistas  y reiniciados por la llamada “Revolución libertadora”, de 1955 contra el propio Perón.

Como en el 30 contra Yrigoyen, sectores de la oposición, medianamente sofocados en sus expresiones por ese sistema, caen en el error de convalidar el golpe, reabriendo una costumbre que se reiteraría con los de azules y colorados, que terminan deponiendo a Frondizi, o con Onganía sacando a Illia de la Rosada.

En el caso de Illia, se introduce la variante de incorporar sectores del sindicalismo (representados por Vandor) en la foto de los usurpadores.

En ese período, el golpismo considerándose casi como poder consolidado, generará los pases de mano posteriores, de Onganía a Levingston, y de este a Lanusse.

Esa conculcación de los derechos populares de acceso al poder, y cierto intento de réplica de los movimientos revolucionarios, sostenidos en países en desarrollo, desde potencias extranjeras, derivarán en la aparición de otra violencia a fines de los sesenta e inicios de los setenta, que involucrará a los grupos armados identificados como ERP, Montoneros, FAR, y FAP.

El retorno de Perón, tironeado como Tupac Amaru, desde la derecha y la izquierda, amparando a un nefasto Lopez Rega, creador de las tres A, para responder a esa acción terrorista, con otro terror sostenido desde el propio estado, actuando bajo las sombras; abrirían las puertas del golpe más sangriento y terrible de nuestra historia: El llamado “Proceso”.

No alcanzaron a frenarlo, ni el histórico abrazo de Perón y Balbín, ni la muerte del líder justicialista. Por el contrario, a partir de ese 1 de junio de 1974, arrancaría otra historia, que devendría en golpe.

Como en otros casos, un socavamiento previo, resaltado por los medios, había distendido las prevenciones de la sociedad, frente a un nuevo golpe: “el vacío de poder” de Isabelita, dando paso a la “aniquilación” de la guerrilla propuesta por Luder, eran el caldo de cultivo, esperado por los sectores, que utilizaban a los militares, como agentes de sus intereses.

No voy a abundar en precisiones de ese período nefasto, que concluyó en miles de desapariciones, torturas y muertes, una guerra impensada, y una devastación económica, que llevó la deuda externa argentina de 5 a 45 mil millones de dólares, como resultado de la estatización de la deuda privada, y la licuación de activos del estado.

Con la llegada de Alfonsín, todos vislumbramos un nuevo amanecer, pero la paz todavía se vería alterada por “Semana Santa” y “La Tablada”, como últimos estertores del uso de la violencia, intentando golpear o por lo menos debilitar al sistema. En ambos casos el repudio mayoritario, pesó tanto para sofocarlos, que los tradicionales sectores ocultos tras cada golpe,  fuera este militar o terrorista, tomaron nota y decidieron cambiar de metodología.

Los todavía poderosos jefes militares, desfilando frente a tribunales constitucionales, parecieron sellar un período de la historia que por sus hechos y sus consecuencias, nos puso en la consideración de todo el mundo.

La presión económico-financiera fue la nueva herramienta, a la que desde entonces, echaron mano, los intereses de la llamada “Patria Financiera”, siempre apoyados en algún sector de oposición, ávido de acceder o recuperar el poder.

Cavallo recorriendo las provincias, para “invitar” a no pagar los impuestos, o viajando a los centros internacionales, para exigir que no se diera crédito a la Argentina, fue la cara más visible de ese “golpe institucional financiero”, que obligó a Alfonsín a entregar el poder a Menem, antes de tiempo.

El autor de la estatización de la deuda privada durante el “Proceso”, seguía fiel a sus sostenedores, produciendo su segunda intervención histórica. (Faltaban otras dos, tan nefastas como esas).

Los “saqueos” en muchos casos promovidos, aceleraron un proceso que derivó en el acceso al poder, de la propia casta generadora de golpes, encubierta bajo la máscara de un líder popular, Carlos Menem.

La trampa del “uno a uno” (ideada en su tercera intervención por Cavallo) derivó en un drenaje de divisas al exterior, que comprometió al país a niveles impropios, para un PBI que no crecía en la misma medida.


Solo un avance debe registrarse en este informe, los sucesos vinculados a la muerte del soldado Cardozo, llevaron a Menem a terminar con el servicio militar obligatorio, sacándole “la tropa”, a los promotores de golpes al viejo estilo, y acelerando los nuevos procedimientos.

Alfonsín, sin digerir su salida temprana, que opacara su irrupción de líder carismático (pero que no oscurecería su recuerdo como padre de la Democracia) vuelve a recurrir al “acuerdo” al viejo estilo de Mitre y Roca, favoreciendo la creación de la “Alianza” para sacar del poder al menemismo.

Dentro del sistema, generando una posible mayoría, con la unión forzada de sectores que “no pegaban” ni ideológica ni operativamente, esta nueva forma de acceder al poder, tenía con su nacimiento, fecha de defunción. Y los que estaban “afuera” lo sabían.

Solo hacía falta un “nuevo helicóptero” para reproducir la foto del golpe a Isabel; y los nuevos saqueos, sumados a una novedosa expresión: “el cacerolazo”, generaron la ¨réplica”, esta vez sin recurrir a las armas.

La saturación popular frente a un “desgobierno” que había recurrido otra vez a Cavallo, empujaron un nuevo proceso de salida, de quienes unos años antes, habían accedido al poder.

El golpe de mano de Rodriguez Sa, debería computarse como otra forma de acceder al poder casi de “atropellada” mientras Duhalde preparaba “su programa”, y el vaciamiento rápido de su fugaz irrupción, proyectó a la presidencia, a quien estaba sin dudas, esperándolo con ambas manos.

Kosteki y Santillán acortarían los tiempos de ese sueño Duhaldista, de ser el primer Gobernador (y hasta ahora el único) de la Provincia de Buenos Aires, en llegar a la Presidencia, aunque no fuera por voto popular. Y como operador privilegiado de su herencia, al ver que no crecían las encuestas de De la Sota; buscó como apuesta de manejo futuro del poder, a alguien que consideraba equivocadamente manejable: Nestor Kirchner.

Ja.

El resto es demasiado reciente como para relatarlo, si bien se registran repeticiones, de procesos ya verificados, como la casi recreación de la Alianza, para remover del poder al kirchnerismo, y las expresiones con cierta nostalgia desestabilizadora, en algunos escenarios kirchneristas.

Casi como una gimnasia histórica, para no perder la costumbre.


Hasta se ha creado un verbo, de uso exclusivo entre nosotros: “fragotear”, para definir esa tendencia, y lo gracioso es que al heredero de la familia Fraga, propiciadora de ese verbo por sus posturas tradicionales, se lo considera un “analista político”, y se le piden estadísticas.


Somos muy particulares, los argentinos.

Manuel Vila (2018)

domingo, 17 de diciembre de 2017

El Arquitecto-Ingeniero Salamone: ¿inspiró, participó, o proyectó, la Torre del Palacio Tomás Adolfo Ducó?

El Arquitecto-Ingeniero Salamone: ¿inspiró, participó, o proyectó, la Torre del Palacio Tomás Adolfo Ducó?





Francisco Salamone, con título de arquitecto e Ingeniero, obtenido a los veinte años, tras estudiar en las Universidades de La Plata y Córdoba, desarrolló una tarea descomunal, desde 1936 a 1939 en la Provincia de Buenos Aires, proyectando y construyendo más de 60 obras, que incluían, Palacios Municipales, Mataderos, y Cementerios.

Desarrolló en todos, un estilo propio, pero absolutamente inscripto en el denominado “art decó”, y con una tendencia claramente marcada hacia el “monumentalismo” en boga en la Europa de la preguerra, con picos claros en la Italia de Mussolini, pero sobre todo en la Alemania de Hitler.

Quizás, por esa razón, se prescindió de sus servicios, cuando Alemania desata la Segunda guerra Mundial en 1939.

Arribado a la Ciudad de Buenos Aires antes o durante, el año 1940, pese a que su fama había trascendido por sus obras, solo iba  a participar en escasas construcciones, antes de perderse en el olvido de la gran ciudad.

Sin embargo sus huellas, aparecen en esos años en algunas creaciones arquitectónicas que reconocen otros autores.

Por esos mismos años, la firma CGO (iniciales de los arquitectos Curuchet, Giraldez, y Olivera, que la encabezaban) se había encaramado como constructora de punta, a partir de obras como el Edificio de la Casa de la Moneda, si bien sus proyectos no siempre se ajustaban a un estilo determinado.

Curuchet además integraba la Comisión Directiva del Club Atlético Huracán, que después de una larga discusión sobre si construir su estadio en un predio propio en la calle Varela, o en el alquilado en avenida Amancio Alcorta, optaron por vender el primero y comprar en 1939, el terreno de Alcorta, para cosntruir allí el estadio.

Con un subsidio del Estado Nacional para la compra, la misma se efectiviza, y se comisiona al arquitecto Miguel Curuchet (otros escriben Curutchet) para elaborar el proyecto, habiendo el mismo demostrado su capacidad previamente, proyectando y dirigiendo la construcción de la Sede Social sobre avenida Caseros, inaugurada a fines de 1939.

La piedra fundamental se coloca en 1941, dando comienzo simultáneamente a las obras, si bien todavía algún partido se jugó en 1942, hasta que mediante un nuevo préstamo oficial se comenzó la construcción de las tribunas, con la citada empresa CGO, y la Dirección del propio Arquitecto Curuchet.

Hasta aquí relatamos dos historias que parecen no tener otros puntos de contacto que no sean los cronológicos, sin embargo, hay otros que saltan a la consideración.

Curuchet, desarrolla ya en el proyecto de la sede social, características que la posicionan dentro del art Decó, si bien los condicionantes de su ubicación y uso, lo obligan a cierto eclecticismo.

Salamone, concluida suu tarea en la Provincia de Buenos Aires, se instala en la Ciudad homónima, en 1939, y como referente indiscutido de dicha línea arquitectónica, es seguro que visitó las obras y su inauguración, estando en claro que tenía relación de amistad con el propio Curuchet, con quien se había conocido en su etapa cordobesa.

Su vida y su obra aparecen casi en blanco durante 1940, año en el que se elabora el proyecto, del que al inaugurarse se iba a llamar Estadio Jorge Newbery, pero que muestra en distintos elementos un claro estilo art Decó, con notoria prevalencia en su torre.

Y es precisamente la torre, la que nos abre una nueva inquietud.













Quien haya conocido el acceso al matadero de Azul, elaborado y construido por Salamone, no puede dejar de reconocer sus signos en la torre del Palacio luego llamado Tomás Adolfo Ducó.

Las tres cuchillas (símbolo de la herramienta usual del hombre del matadero) que dan estructura a la torre del Matadero de Azul, se recrean en la del Ducó, pero llevando sus puntas hacia el Frente, para sostener los mástiles de tres banderas, la argentina en el centro, y la de AFA, y Huracán en las laterales.

Los dos planos de corte horizontal de la de Azul, reaparecen y resuelven las losas de los dos niveles, de las cabinas de transmisión del Ducó, y asoman en ambos casos como voladizos que consolidan una base arquitectónica amplia para semejante proyección vertical.

El contrafuerte central de la torre del Matadero de Azul, que avanza hacia el frente con empalme curvo hasta perderse en el plano inferior, intenta el mismo desarrollo en la torre del Ducó, pero se “trunca verticalmente”, apenas esbozado ese avance, para permitir una visión lateral razonable, de toda la cancha, para las cabinas de transmisión.

(Nota: hemos verificado que aún con este recorte, la visión lateral estaba interferida por ese contrafuerte, lo que da la pauta casi absoluta, de que el proyecto se adaptó a su uso en el Ducó, hasta donde pudo, pero no era nacido para esa función, por cuanto de otra manera esa interferencia no hubiera existido, tratándose de proyectistas del nivel de Curuchet y/o ¿Salamone?

Entonces, ya tenemos una primera sospecha; si la torre no surge de un proyecto específico para el Ducó, y “copia” los lineamientos de su similar del Matadero de Azul, obra de Salamone, ¿fue obra de Curuchet, tomando como modelo la de Salamone, o participó el propio Salamone en su  elaboración?

La “ausencia” de Salamone en otros proyectos, estando ya en Buenos Aires, colabora con la segunda opción, la relación entre ambos profesionales también, pero si así hubiera sido ¿porqué no figura Salamone?

En ese tiempo, CGO se proyectaba como una empresa de tres cabezas como su nombre lo indica; solo su vinculación como directivo de Huracán hizo que Curuchet, figurara como proyectista único, y si esa concesión la hicieron Giraldez y sobre todo Olivera, de enorme prestigio por entonces, ninguno hubiera admitido que Salamone apareciera, ya que su fama los hubiera obscurecido totalmente.

Simultáneamente se cruzan cuestiones de política nacional e internacional; Salamone, se había mostrado junto a Fresco, cuestionado Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, y por sus obras, se veía identificado con el monumentalismo nazi, que tenía en estas tierras una versión vernácula en las Fuerzas Armadas, representada por el GOU (Grupo de Oficiales Unidos) al que suscribía el ascendiente Coronel Perón.

Pero otra línea de esas fuerzas más cercana a los aliados, también con notable apoyo, era integrada por otro Coronel de nombre Tomás Adolfo Ducó, a la sazón Presidente del Club Atlético Huracán.

Durante el curso de las obras posteriores tal diferencia de lineamientos llegaría hasta el intento de golpe de Ducó a Perón, y su encarcelamiento con intervención militar al club.

En ese marco, es previsible que aunque Salamone hubiera tenido una participación, mucho más “corpórea”, que solo inspirar, o en mayor medida, asesorar el trabajo de Curuchet, su tarea debía ser silenciada.

Pero no cerramos aquí esta investigación, y la abrimos para que nuevos aportes, nos ayuden a cerrar las sospechas en certezas.


Ing. Manuel Vila (2017)