martes, 29 de enero de 2013

El Fuerte de Buenos Aires (historia de su construcción) trabajo reactualizado en 2013 por el Ing. Manuel Vila


El Fuerte de Buenos Aires

Prólogo:
En una visita al extinguido Museo de la Casa de Gobierno en mi etapa de alumno del Nacional Buenos Aires, observé unos muros, en el extremo de un corredor del mismo que se presumía, ya en aquel entonces, eran parte del bastión NE del Fuerte de Buenos Aires. Luego en una de mis notas de la serie "Del adobe al hormigón" en el suplemento de Arquitectura del Diario Clarín. en 1980, lo expresé directamente, pero no eran tiempos de exigir al ejecutivo indagar sobre el tema. Incluso cuado se abrió en ese período el patio de la Aduana de Taylor (llamado luego por un tiempo el foso del Proceso) como se consideraba, por estar bajo la Casa de Gobierno, un tema de seguridad, no era posible opinar sobre el particular.
Hoy inaugurado el Museo del Bicentenario, veo que se muestra una cañonera, y parte de otra, y lo que presumo es el desague (aunque no lo han identificado) del viejo Fuerte Don Juan Baltasar de Austria, y aunque no se han profundizado demasiado las tareas de arquelogía, podemos adelantar que de acuerdo a las implantaciones del Fuerte, la posterior Aduana y los edificios de Correos y el primer Palacio de Gobierno, que derivaran en la actual Casa de Gobierno, tengo la seguridad que todos los cimientos del Viejo Fuerte con sus cuatro baluartes incluidos, (o una parte importante de ellos) permanecen bajo las estructuras de lo que hoy es nuestra Casa de Gobierno. Con las nuevas metodologías de detección por sonido o radiación en algún momento se podrá comprobar tal presencia, y si eso ocurre, deseamos que se preserve para las generaciones futuras.
Manuel Vila
 
 
Primera Parte: 1580-1700
Fracasada la primera fundación de Buenos Aires por Don Pedro de Mendoza (1536), y despoblada por Irala en 1541, la corona española renueva la necesidad de su emplazamiento ante la presencia permanente de naves portuguesas, holandesas e inglesas en la zona, que es a la vez, acceso a amplios rios navegables que se adentran en sus colonias, y puesto de abastecimiento para los viajes a la Patagonia y el Pacífico.
Juan de Garay será el encargado de refundarla en Junio de 1580.
El plano de distribución de "suertes" que elabora, según ordenanzas, marca la presencia de un lote reservado para fuerte sobre el ancho Río de la Plata con espaldas a la plaza principal, pero compartido con el Adelantado. Luego iba a ceder parte de esa manzana al Adelantado y parte a los jesuitas dejando casi dos manzanas a la plaza (Mayor) e iba a correr la del fuerte hacia el río.



Fig 1: Plano de "suerrtes" de Juan de Garay (1580)


Ese corrimiento iba a resultar nefasto para la historia del Fuerte, luego denominado "Don Juan Baltasar de Austria" por cuanto, por un lado lo sumergía en la barranca, con una sustentación no heterogénea, y por el otro bajaba su nivel respecto a la futura ciudad, limitando su capacidad de acción de defensa hacia el interior.
En efecto, si bien existían sobre el sector norte de la barranca afloraciones rocosas sueltas (belgranensis) las mismas estaban alternando con sedimentos blandos que prevalecían en el lote destinado al fuerte, haciendo compleja la cimentación sobre ese terreno heterogéneo, al que se sumaba la acción de las mareas sobre el cauce del Río de la Plata, sobre el frente y el uso de los laterales del fuerte como pendiente de acceso de carros de desembarco, ante la falta de puerto y de salida de los líquidos superficiales en tiempo de lluvias. El mismo fuerte servía de aduana en esos tiempos fundadores.
Fernando de Zárate , Gobernador de tiempo escaso inició las primeras construcciones de lo que podríamos llamar fuerte en 1595
Se presume que los originales cimientos deben haberse constituido con esas piedras de predominante color negro, sin ligante (por cuanto la calidad de la cal en la colonia en ese momento solo permitía su uso para el blanqueo) pero su disposición sobre terrenos blandos sedimentarios y el hecho de que las "murallas" aun superando el metro de espesor fueran de barro, hacían que cada dos años sus muros dieran por tierra o "por agua" según hacia que lugar se desmoronaban.
En 1595 se efectúa entonces, la primera construcción del Fuerte, con una pared de barro excavado del foso que lo circunda.
En 1603 en Buenos Aires, se empiezan a reforzar las paredes con cañas, ante la falta de ladrillos, adobes y tejas, que recién se empiezan a fabricar en 1608 en forma poco representativa y con cierta calidad a partir de 1650.
Según un informe de Hernandarias, gobernador en 1608, hizo traer piedra de la otra orilla (Martín García) para usar en los cimientos del Fuerte. Su uso aún no se había extendido a las murallas que siguen siendo de barro.
Todavía ante derrumbes de las paredes del fuerte, en 1633 se pide arrimar tierra para repararlo, y los navíos de permiso que traían ladrillo, teja y hierro de Brasil, se derivan a la construcción de las iglesias.
Prueba de ello es el relato de Acarete du Biscay, viajero que pasara por Buenos Aires con destino al Perú en 1657 y de regreso en 1659, en relación a la villa y su fuerte.
"El pueblo está situado en un terreno elevado, a orillas del Río de la Plata, a tiro de mosquete del canal, en un ángulo de tierra formado por un riacho, llamado Riachuelo, el cual desemboca en el río, a un cuarto de legua de la ciudad: esta comprende cuatrocientas casas, no tiene empalizada, ni muralla, ni foso, y nada la defiende sino un fortín de tierra circundado por un foso, que domina el río, y tiene diez cañones de hierro, el mayor de los cuales es de a doce........Además de este fuerte hay un pequeño bastión en la desembocadura del riacho, donde mantienen una guardia, no hay sino dos cañones de hierro montados, de a tres".
 





Fig 2: Primer Plan de la Ville de Buenos Ayres (que si bien se confeccionó mucho después y se adjudica a Charlevoix, representa la Buenos Aires de 1650).
 
A esta situación pueden haber colaborado los informes al Rey del Virrey del Perú Pedro de Toledo, Marqués de Mancera, que siendo responsable de las fortificaciones de Valdivia (en Chile) y el Callao (en Perú) decía en 1647, que para fortificar Buenos Aires debía enviarse todo de España, por cuanto no hay ingenieros ni artillería, ni los oficiales necesarios, pero no aconseja tampoco fortificar por cuanto en el sitio solo se puede utilizar como material tierra y adobes "y aunque hay fagina de la otra parte del Río es muy lejos y costaría mucho trabajo". Afirma haber tomado dos bergantines a los portugueses y considera que con ellos y dos "saetías" que construyó, más la caballería del lugar "podrán sugetar (sic) las lanchas del enemigo".
Y concluye con decisión:: "Fuerte Real ni cosa de más consideración, que lo que queda dicho, no sería de mi parecer; aunque si el enemigo acomete, con fuerza, ha de ganar el puesto antes de que les pueda llegar socorro de partes tan remotas; y aunque el obligarle a gastar tiempo en eso sería nuestro propósito; sin embargo yo entiendo que sería el mayor inconveniente fabricar fortaleza para que la gocen los enemigos, donde estando tan empeñada es lo más cierto y preciso perderse por falta de socorro".
Si bien las apetencias de Portugal se vieron reflejadas, treinta años después con la fundación de Colonia del Sacramento, frente a Buenos Aires, los Gobernadores de Buenos Aires no acompañaban la decisión virreinal de desamparar la villa, y actuaron en consecuencia.





Fig 2b: Cuadro de Leonie Mathis, representando el Fuerte y la Plaza Mayor
En 1666 José Martinez de Salazar, por entonces Gobernador, crea una fábrica de cal y mejora los hornos de ladrillo y teja y las adoberas, y modifica la traza del Fuerte, disminuyéndola en dimensiones pero usando ladrillos y adobes en sus paredes y cal en el material de juntas mezclado con barro.
Dice en nota al rey haber fabricado cal y ladrillos "tan buenos como los de España" y haber traído en lanchones de "costas alejadas",
madera que se recubre con alquitrán después del arribo del primer barco que lo trae en 1669.
Por 1675, desplazados los jesuitas de la manzana cercana, Salazar aplica los nuevos materiales a la reconstrucción del fuerte, y su nota al Rey nos sirve de detalle.
Dice que se levantaron tres baluartes (o bastiones) y una cortina (pared amurallada) desde sus cimientos, y refiere que "por ser de poca resistencia el terreno que mira al mar (sic) se debió proteger las construcciones con parapeto de estacas".
De las tejas fabricadas para el Fuerte se venden 92600 entre los vecinos, para recaudar fondos para continuar las obras.



 
Fig. 3: Plano del Fuerte señalado por el Ing. Manuel Vila en el Museo del Bicentenario.
La tasación de las obras en 1667 de Jacome Ferreira Feo y Luis de Villegas, permite apreciar el mejoramiento en materiales y métodos constructivos.
Las construcciones superiores tienen paredes de ladrillos asentados con cal y cubiertas de cañas sobre las que se clava madera y los techados sobre estructura también de madera con cañas intermedias a las tejas.
Los solados ya se hacen de enladrillado salvo el del pasadizo de acceso a la casa del Gobernador que es empedrado, habiendo requerido según el detalle 30 carretas de piedra. El traslado en carretas indica que se traen del interior (presumiblemente Cordoba) y no de Martín García que obligaba al uso de lanchones. Se presume entonces que serían predominantemente calizas.
Vuelve a mencionarse cuatro piedras que de acuerdo a su ubicación, dos de ellas soportan esfuerzos horizontales provocados por la bóveda de acceso. Sobre el particular detalla que: "un arco grande de cal y ladrillos en que está la puerta que hace de bóveda al terraplén, en que hay 15000 ladrillos, dos vigas embebidas en el arco, 250 fanegas de cal que se gastaron en el cimiento y la bóveda".
Ya se construyen canales, conductos y puentes.
Así encontramos que como desague del Fuerte se construyen dos conductos abovedados con ladrillos y cal que dan al Río,
(*y que por el tamaño de los adobes o ladrillos observados actualmente, mucho más grandes que los usados luego en la construcción de la Aduana de Taylor en 1855, sería uno de ellos ya sin la bóveda superior el que se observa en el frente del baluarte NE superviviemte en el Museo del Bicentenario).








Fig. 4: y 4¨ Fotografías del presunto desague en su estado actual (observar tamaño de los adobes respecto a los pies de una persona parada detrás).
En la construcción del puente y de los cimientos de una torre que se construirá, se usa cal y canto citando nuevamente las carretadas de piedra, y en una notificación al Rey de 1669, Salazar agrega que: "por ser terreno anegadizo esos cimientos se rodearán de 800 a 900 estacas alrededor para evitar socavamientos o asentamientos de bases".
Los materiales superiores de la torre son ladrillos con un mortero de cal y tierra.
Otra tasación de las obras hecha por Juan Bautista Calvete en 1670, muestra otros avances, ya que se animan a construir un corredor de 261 pies (73 m) con pilares de ladrillo con sus cimientos cada 10 pies (2,80 m) sin cerramiento de paredes.
El mortero de cal ya aparece mezclado con arena en vez de tierra, y nos brinda la proporción de cal y arena en la mezcla que es de una fanega de cal por cada carretada y media de arena.
Las dificultades para mensurar las proporciones surgen del uso de tales unidades, ya que la fanega de Castilla es de 55.5 dm3, o sea 55,5 litros, pero luego surge una fanega argentina de 184 dm3. En este caso por el año en estudio podemos aceptar la primera medida, que ocupada por cal pesaría aproxinadamente 116,5 kg; pero en el caso de la arena, las carretadas son unidades variables en todas las provincias de España e Indias, solo está fija en Méjico donde se usaba para la cal y valía 12 cargas de 10 arrobas, o sea 1380 kg. La aceptación de estos valores redunda en una relación no racional.
Si se toma como la capacidad de una carretilla (aprox 160 dm3 =160 lt) resulta una y media carretada, igual a 240 dm3 que en arena equivalen a más o menos 500 kg. En ese caso resulta una relación cal/arena = 1:4. aceptable aún hoy.
En 1680 el luego nombrado Obispo, Fray Antonio Azcona Imberto establece otra fábrica de cal en La Magdalena con mejor nivel de calcinación y mejor resultado en calidad.
Pero el verdadero salto de calidad en las obras del Fuerte se iba a dar con la llegada del Ingeniero Joséph Bermudez (1701) y la del tambien Ingeniero Militar Domingo Petrarca, que arriba en 1716.
 
 
Segunda Parte: 1700-1805:



En 1701 llega a Buenos Aires el Ingeniero Joseph Bermudez, enviado directamente por el Rey para ocuparse directamente de la reconstrucción del Fuerte.
Su tarea fundamental consiste en consolidar la muralla y los baluartes, y mejorar las construcciones internas, que son la sede del Gobernador, la Contaduría (las llaman Cajas o Casas Reales) y los pabellones donde se aloja la guardia.

Sin embargo encuentra notorias dificultades que informa en 1713 al Rey, diciéndole entre otras cosas, que la mano de obra es poco eficiente, la calidad de la cal es baja, y que el terreno donde se asienta el Fuerte es deficiente "debiéndose ahondar los cimientos para buscar los firmes", y que "la arena se debe traer de una legua de distancia".
Se deduce de sus informes, que los andamios ya eran de madera, y que resultaban onerosos por la escasez de esta, y que se ataban con cueros. Se usaban para transportar la cal, las carretas reales que cargaban 14 fanegas, y adjunta un plano de lo que está y de lo que pretende hacer

 
Fig 5: Plano de Bermudez con situación preexistente
 


Fig 6: Plano de Bermudez con los proyectos a concretar
 
Debe observarse que se exageran las manzanas de la plaza Mayor, y que se usa una trampa común de los proyectistas-presupuestistas de la época, el uso de dos escalas distintas para representar la ciudad y el Fuerte, (detalle solo detectable para el ojo avispado), que buscaba impresionar con una envergadura de la Fortaleza, superior a la real, para solicitar fondos para sus obras, tambien superiores a los necesarios.
Como dato importante debe consignarse que la representación muestra que del lado del Río de la Plata, los baluartes no están terminados y se observa un grafismo que parecería mostrar la hilera de tablestacas que protegen la muralla de ese lado.A su vez se observa que Bermudez pretendió hacer hacia el lado del Río un revellín que hiciera simetría con el acceso, pero las dificultades para fundar en ese sector se lo impidieron.
En los informes posteriores se da cuenta de haber revestido con piedra las murallas
Del lado sur y la que daba frente a la plaza.
A pesar de todo esto, la obra no avanza de acuerdo a los requerimientos Reales que se interesan notoriamente en la fortificación de Buenos Aires después del emplazamiento de Colonia del Sacramento a su frente, y en 1719 llega tambien por comisión Real el Ingeniero Militar Domingo Petrarca.
A partir de su arribo y junto a Bermudez se inicia la verdadera reconstrucción del Fuerte de Buenos Aires, que con el apoyo de órdenes y Cédulas realesque le aportan fondos se concluye en 1724.
La muralla de piedra se completa en todo el perímetro y se revisten los tres lados que no dan al río con otro revestimiento en ladrillos de medidas generosas. Los baluartes romboidales con sus garitas, las murallas con ensanche inferior, y la planta cuadrada dan a la construcción las carácterísticas que desde el siglo anterior había impuesto el proyectista francés Vauban.
Las cañoñeras estaban abiertas en la muralla con abocinamiento, para permitir un amplio batido de los cañones.










Fig 7: Cañonera inserta en la muralla que daba hacia el Río de la Plata
 
El puente levadizo sobre el foso, comunicaba el acceso principal al Fuerte con la Plaza Mayor. Existía una salida hacia el Río, a un nivel inferior, que cubría la opción de un embarque o una salida de emergencia, pero cuyo nivel a veces quedaba por arriba y otras por abajo del nivel del Río.
Los conocimientos de Petrarca sobre el estudio de las cargas, darán a este nuevo Fuerte condiciones de durabilidad como nunca había tenido.
 
 
Fig 8: Planta del Fuerte



 
Fig 8¨:Otra Planta del Fuerte mostrando la alameda, ya instalada sobre la costa
hacia el lado norte

Encargado también de la fortificación de Montevideo (fundada en 1726 por Bruno Mauricio de Zabala, tras disolver un asentamiento portugués en el lugar) en 1727 el propio Petrarca elabora el plano para las nuevas Cajas Reales, constando el informe de los Oficiales Reales en cuanto al costo del proyecto de una planta que no pasaba de 7000 pesos, pero luego agregan: "esta primera planta era de un solo piso pero luego agregó otra".
La planta definitiva resulta de dos pisos de 26 metros de frente por 7,50 de fondo. Se observa que está apoyada en su parte posterior sobre una pared amurallada que soporta lateralmente el empuje de un terraplén. Las paredes se construyen con cal y ladrillo y el techo es de tejas a dos aguas, según un informe de 1729, teniendo el piso alto sus puertas con balcón casi adosado a la pared.
La estructura se cierra con una bóveda superior que por los esfuerzos horizontales que genera, traerá luego problemas, según un informe de los Oficiales en 1745.
Según ellos: "como hicieron las murallas y no esperaron que la obra se asentara, y echaron las bóvedas, se rajaron, y estribaron una pared pero entra agua",
y agregan que "las paredes tienen humedad hasta 2 tercios del suelo".
A pesar de estos problemas, hay progresos en lo estructural y en los mayores aventanamientos de los locales, que harán que con algunas mejoras, esta sea la estructura de Fuerte que llegará hasta sus últimos días.
 




Fig 9: imagen de Dufresne representando el Fuerte en 1838
 
 
En esta etapa, la piedra ya se trae de Martín García, y la cal de las caleras de Quilmes y Magdalena, y respecto a los adobes, en 1755 el Cabildo a instancias del procurador fija los largos en media vara (42 cm) y el ancho en un cuarto de vara (21 cm) fijando el espesor en cuatro dedos(?) que luego debe aclarar toman los de un tal Alberto Laredo como referencia.





Fig 10a: Cimientos de piedra de la muralla en el frente al Río (foto tomada en el
Museo del Bicentenario, por el autor)




Fig 10b: Otra boca del viejo Fuerte de Buenos Aires quizás de defensa o descarga
pluvial (foto tomada en el Museo del Bicentenario, por el autor)




En 1751 Diego Cardoso iba a proyectar la nueva Casa del Gobernador, concluida en 1761 y Fancisco Rodriguez Cardozo y Bartolomé Howell (los mismos que Cevallos comisionara para reconstruir los fuertes de San Miguel y Santa Teresa en Uruguay) iban a completar los refuerzos sobre el Río.
Ya acompañaba al fuerte sobre la costa la Alameda, que brindaba un aspecto distinto a los paseos de los porteños.
En 1770 Alonso Carrió de La Bandera, encargado real de las postas o correos, en "El lazarillo de ciegos caminantes", texto adjudicado erróneamente a su guía Concolorcorvo, dirá : "Todo el Fuerte está rodeado de un foso bien profundo, y se entra en él por puentes levadizos.La Casa es fuerte y en su patio principal están las cajas reales. Por la parte del río, tienen sus paredes una elevación grande, para igualar el piso con el barranco que desciende al río".
En esta etapa, el Fuerte tenía un encargado permanente de mantenimiento, siendo durante la visita de Carrió de La Bandera, el Ingeniero Juan Alberto Cortés.

 
Fig 11: Otra Planta del Fuerte de Buenos Aires a fines del siglo XVIII¨e
inicios del XIX
 
Ya a esta altura con Buenos Aires proyectada como capital del nuevo Virreynato en 1776, toda la construcción en Buenos Aires, tiene regulaciones que obligan a presentar plantas y elevaciones a ¨los Ingenieros de la Ciudad e Presidio"
y se revisan los criterios de construcción y archiva la documentación de cada obra, existiendo construcciones de dos plantas.
Justamente el Comandante de Ingenieros en 1784 Cesar Cabrer, proyecta y construye dentro del Fuerte que ya tiene la denominación de San Miguel, una capilla y el edificio de la Real Audiencia, consistiendo este último en dos plantas de creciente calidad constructiva, y como preanuncio de la construcción desarrollada entre 1787 y 1795 del edificio sede del asiento del Virrey, que recibió por ello el nombre de "Palacio de los Virreyes", y que respondía al proyecto de José García Martinez de Cáceres y la dirección de ejecución por parte de Francisco García Carrasco.
El viejo edificio de asiento de Gobernadores, quedó para uso de maestranza.
Ya sobre el siglo XIX, en 1802, se refuerza la muralla sobre el Río a la par del inicio de la construcción del muelle de piedra proyecto de Pedro Cerviño sobre la bajada de Cangallo, que un temporal destruirá en 1805, y tambien en 1803 se presenta el proyecto del Maestro Mayor Agustín Conde para dividir la Plaza Mayor en dos partes a través de una recoba, y aprobado, se inicia la obra que completan en 1804 los Maestros Mayores Juan B. Segismundo y Juan Zelaya.
Las mejoras en el Fuerte tienden ya a realzar su arquitectura, aceptadas sus dificultades para la defensa de la ciudad.
Al respecto ya había dicho el Coronel Joaquín Javier Curado (espía al srervicio de la corona de Portugal, presente en 1797 en Buenos Aires, cuyos informes secretos han sido traducidos y publicados en el número 34 de la Revista "Historia") sobre Buenos Aires, que "en toda la distancia que se extiende su población, ofrece el río posibilidad de desembarco, sin embargo nunca en forma directa, porque aun las embarcaciones pequeñas que requieren poco agua, no pasan con todo del canal, que dista mucho de tierra. Los pequeños botessolo pueden ser útiles hasta cierta altura en que el río comienza a explayarse, de suerte que llegan los coches y carretas a entrar más de 100 y 150 brazas para facilitar el desembarco.
Casi en el centro de ese frente que la ciudad ofrece al río, hay un fuerte cuyo recinto está totalmente ocupado por la Casa de Residencia del excelentísimo Virrey, por el Real Erario y por un almacén de depósito......".
Hablando luego del Fuerte dice que: "los dos baluartes que dirigen los fuegos al río, pueden defender cualquier desembarco hasta el alcance de la artillería, más los otros nada pueden defender hacia la campaña, porque todos los edificios de la población que lo cercan por aquella parte, son superiores al Fuerte, que es un poco más elevado que el nivel del terreno".



Fig 12: Acuarela de Emeric Essex Vidal, mostrando el Fuerte desde el Río
de la Plata

 
En 1802, el propio José García de Cáceres que se ocupara del proyecto del "Palacio de los Virreyes" en el interior del Fuerte diría que es:
"Un cuadrado de lados desiguales, fortificado con cuatro baluartes y sus correspondientes cortinas, dentro del cual se encuentra el Palacio Real que en piso superior ocupan los Señores Virreyes y en el inferior la Real Academia, Escribanos, Secretarios y Capilla Real y Reales Cajas, encima de estas, la Sala de Armas, capilla antigua para presidiarios, cuerpos de guardia, almacenes, maestranzas, etc. Este fuerte tiene un foso sin contraescarpa revestida y únicamente lo está una porción que corresponde a la puerta principal que tiene puente levadizo y está cubierta por un pequeño tambor; en el frente que mira al río está la puerta del socorro, los muelles de dicho frente están en muy mal estado, especialmente a la entrada por ser la piedra tosca de malísima calidad. Todos los edificios que contiene están construidos de ladrillo y barro, excepto la Capilla Real, almacenes y cajas Reales, que lo están de ladrillo en mezcla de cal y arena".
 
Tercera Parte: 1805-1855 (1882)
 
Cuando algunos consideraban cumplida la vida útil del Fuerte en sus aspectos netamente militares y se preocupaban más por los detalles arquitectónicos, y otros lo consideraban insuficiente para cubrir la seguridad de los tesoros que su condición de puerta del Atlántico hacia España le obligaba a preservar, sobreviene un suceso que renovará la necesidad de revitalizarlo como elemento defensivo y de ataque: La Primera Invasión Inglesa, en 1806.
En efecto la llegada de Popham y Beresford al frente de la expedición inglesa que toma la ciudad y se asienta en el Fuerte de Buenos Aires en 1806, siguiendo la propuesta de Curado (y con la ayuda de Guillermo Pío White) de desembarcar lejos del alcance de sus cañones y llegar por tierra, reavivan la valorización militar del mismo, y sus limitaciones.
A la reacción primaria del influyente vecino y cabildante Martín de Alzaga, y el Ingeniero catalán Felipe de Sentenach, de construir un túnel para volarlo, (que de hecho iniciaron desde la Capilla de San Roque, y si no se lo terminó fue por la llegada de Liniers con tropas traídas de Montevideo, antes de su conclusión) le siguió la convicción de que el Fuerte no podía defender un ataque desde el interior, porque la altura de las torres y cúpulas de las iglesias impedía cualquier disparo de cañones en esa dirección.
Conocido esto por los ingleses, y previéndose una segunda invasión (que se produce en 1807) se comisiona al Ingeniero Pedro Cerviño y a Juan José Viamonte, a producir la fortificación de la Ciudad por el lado de la pampa, abriéndose numerosas trincheras y taludes que frenaran el avance y ofrecieran cobertura a los defensores.
Sobre un plano del Ingeniero Gianinni que ya por aquel entonces, pensaba en priorizar obras para el Puerto, respecto a mejoras en el Fuerte, se marcaron luego de esa segunda invasión, los recorridas de las columnas inglesas que esta vez ya no pudieron llegar al Fuerte.
 
Fig 13: Plano de Gianinni (1805) con las líneas de ataque de la invasión en 1807. Se observa la Recoba, el muelle de Cerviño y el desarrollo urbano
 
Asiento de los virreyes el Fuerte recobró su actividad con los movimientos populares que desembocaron en la Primera Junta de Gobierno, y si bien en etapas posteriores se fue degradando su arquitectura, ante otras obras de la ciudad, la imagen del poder seguía siendo el Fuerte, como lo demostraría Justo José de Urquiza, entrando al mismo tras pasar bajo la Recoba en 1852, al derrocar a Juan Manuel de Rosas.
Los bloqueos de la armada portuguesa, y luego del Imperio del Brasil, pusieron varias veces al Fuerte en acción, cubriendo con sus cañonazos las acciones del Almirante Brown, y sus lugartenientes Espora y Rosales, defendiendo la plaza. Los bancos del Río de la Plata en las cercanías del Puerto de Buenos Aires, jugaban a favor de hacer encallar y luego atacar las naves enemigas.
Rivadavia ya había dispuesto cegar el foso y disponer asientos hacia la Plaza en 1826, desapareciendo el puente levadizo y la reja móvil (rastrillo) que cerraba el acceso, pero tanto las acuarelas de Carlos Enrique Pellegrini, (arquitecto y acuarelista francés, padre del futuro presidente homónimo) que muestran el frente del Fuerte en 1829, como el plano Federal hecho presuntamente por Hipólito Bacle en 1838, parecerían indicar la continuidad del foso, aún estando sin agua, hasta muchos años después..
 
Fig 14: Acuarela de C. Pellegrini mostrando el Fuerte, en 1829
 



Cabe agregar que Pellegrini representó con sus acuarelas todos los frentes que daban a la Plaza Mayor, ya divididapor la Recoba, en Plaza 25 de Mayo (del lado del Fuerte) y Plaza de la Victoria (del lado del Cabildo), pero con sus vistas de 1829, lo que llevó a varios maquetistas de la plaza de 1810 a la confusión de creer que las construcciones sobre Victoria (Hipólito Yrigoyen actual) tenían dos plantas, cuando en 1810, todas ellas eran de una sola planta, salvo la casa de los Altos de Escalada que era de dos desde 1785 y estaba casi sobre la barranca.
 
Fig 15: Plano Federal de 1838 (adjudicado a Hipólito Bacle)
 
Poco se modificó durante el gobierno de Juan Manuel de Rosas, salvo la disminución de actividades administrativas y hasta militares, ya que Rosas trasladó su residencia a la casa que se construyera en Palermo y el eje de la actividad de los Colorados del Monte a Barracas.
Sin embargo, los permanentes bloqueos, ahora no solo de Brasil, sino de potencias extranjeras como Inglaterra y Francia, mantenían en guardia permanente a vigías y cañoneros del Fuerte, que a veces disparaban para proteger alguna nave criolla, que había atravesado el bloqueo y entraba a la carrera.
Mientras tanto la imagen ya anacrónica del Fuerte , con los barcos entrando a Buenos Aires casi a sus espaldas, señalaban el otro gran déficit de la ciudad, la falta de un puerto acorde a su actividad.
 
Fig 16.a y 16.b: Daguerrotipos que muestran el Fuerte en 1852 aproximadamente
 

Ningún cambio sustancial se observa en el plano de Sourdeaux de 1848-1852, a pesar del crecimiento de la ciudad
 
Fig 16c: Plano Topográfico de Sourdeaux, 1848-1852
 

Si bien luego de la caída de Rosas, se pretendió instalar nuevamente la sede de los gobiernos en el Fuerte, el deterioro de su estructura y el anacronismo de su arquitectura, lo fueron acorralando.

Al mismo tiempo, Buenos Aires, ya transformada en una urbe esencialmente comercial, decide abandonar el recinto de la Vieja Aduana, montada sobre el casco de la casa de Basabilbaso y construir una nueva que se prolongue en un muelle de cargas. Pellegrini esboza una planta semicircular, que toma como modelo el Ingeniero inglés Edward Taylor para hacer el proyecto y construirla en 1855 en dos plantas superiores y sectores bajos aprovechando la barranca, con un muelle en el eje de más de 200 metros de largo.
Esta construcción no se superpone con el Fuerte sino que se separa de él por el Patio de maniobras, que coincide aproximadamente con el frente del foso sobre el Río de la Plata.
Como simultámeamente el entonces Gobernador de la Provincia de Buenos Aires (todavía con capital en la ciudad homónima) Pastor Obligado había demolido en 1853, los baluartes y muralla que daban al sur, se da la curiosa particularidad de que el plano para la nomenclatura de las calles, elaborado por Diego Fuentes en 1858, tiene representado medio Fuerte sobre el lado Norte de la manzana, encerrado por el baldío hacia el sur y la Aduana Nueva.por el lado al Río de la Plata.


Fig 17: Plano de Diego Fuentes (1858) con el Fuerte en proceso de desaparición

 
Quedaba entonces solo para el uso de la sede gubernamental, el sector norte del Fuerte, pero como simultáneamente aparecía en diagonal, la construcción del primer Teatro Colón, en el terreno que hoy ocupa el Banco Nación, (esta vez sí concretando un proyecto del Arquitecto Carlos Pellegrini, en abril de 1857), y si bien tanto Mitre (en 1862) como Sarmiento (1872) quisieron mejorar y adecuar con jardines y balcones el citado sector Norte del Viejo Fuerte, sus días estaban contados.
Sarmiento decide al mismo tiempo contratar al Arquitecto sueco Carlos Kihlberg para costruir en el baldío que daba al sur, el edificio de Correos y Telégrafos, con lineamientos italianos, obra que se concluye en 1879.
En 1880 soplarían nuevos aires para Buenos Aires con Julio A. Roca en el gobierno nacional y Torcuato de Alvear en la Intendencia.
El último había arrasado en dos días con la Recoba, y ya ninguna obra de su tiempo acompañaba al anacrónico palacio sede del Gobierno aún con resabios de aquel "Palacio de los Virreyes" y Roca lo hace demoler en 1882, y construir una nueva sede de Gobierno con estilo similar al edificio de Kihlberg, pero esta vez proyectado por su connacional Gustavo Aberg.
Extendida la defunción del Viejo Fuerte, el arquitecto italiano Francisco Tamburini iba a construir el arco central que conformaría la que todos conocemos como Casa Rosada, bajo la cual laten sin duda los cimientos del cuatro veces centenario Fuerte de Buenos Aires.
Ing Manuel Vila (2013)