sábado, 28 de mayo de 2016

Juego del Truco, Historia e interpretación

El Truco:

En la edad media se usaba ya el verbo en latín trocare, cuyo origen parece haber sido en principio torquere, y luego sufrió una transposición de la r pasando a troquere, y/o trocare. Su significado original de torcer, dar vuelta, se acopla al de trocar, cambiar o intercambiar cosas, de uso en el Medioevo y llegada a nuestros días. El acto de trocar es el trueque.

Siendo el trueque un sistema en uso desde la antigüedad; durante los siglos XII  a  XIV después de Cristo, sin mayor difusión de la moneda metálica, y con las fortunas reducidas a los señores, favoreció su desarrollo entre campesinos y burgueses, como medio de intercambio de bienes y productos, pero no se vió ajena a su uso, la propia nobleza ante la falta de otros recursos.

Siendo siempre subjetivo el valor de los bienes a intercambiar, definir sus valores comparativos implicaba una discusión entre ambos “trocadores” hasta el acuerdo que facilitaba el trueque.

Los juegos de naipes (nahipi en árabe) o barajas llegan a España en esa misma época introducidos desde Oriente (China e India) por los árabes. La clásica división en 4 palos de la baraja (oros, bastos, espadas y copas) si bien ya encuentran raíces en tiempos muy anteriores, caracteriza las ocupaciones de los hombres destacables de aquellos tiempos, desconociendo las labores de campo que no se consideraban de jerarquía, en:  1) si se destacaba por su fortuna (oro), 2) si eran hombres de espada (espada); 3) si eran funcionarios de la corte cuyo símbolo era el bastón (bastos); y 4) hay distintas interpretaciones de las copas que van desde el comercio hasta el arte.


En ese momento y con esos elementos nace el juego de cartas o naipes del  troque, que luego pasará a truque, y terminará en truco. [Algunas versiones lo vinculan a la expresión árabe truc, pero la existencia de palabras de origen o derivación latino-romance, eran siempre preferidas hasta como resistencia por los cristianos, y su uso llega cuando ya España está expulsando a los árabes].

Las acciones de cada mano donde cada “trocador” muestra su carta y supera o pierde en valor frente a la del oponente, recuerdan el intercambio en el trueque en este caso sobre un elemento ficcional (la carta) con un valor predeterminado (la escala de valores de cada una que se estableció). El abrir la “mano” también refiere a lo que muestra cada uno hasta ese momento en sus manos, y el ganador de una mano, abre la otra para ofrecer ahora la ventaja (como corresponde a un caballero medieval) a su contrincante. El que gana dos manos, gana el juego.

Como inicio de “cortesía” el jugador que tiene la “mano” invita al otro a comparar sus elementos de juego antes de iniciar el intercambio, ese acto que toma el verbo también latino de invitare (de in vita, introducir en su vida), que en esa derivación medieval se ha suavizado a envidare, se llama por lógica ”envido”, y el contrincante puede aceptar esa invitación y medirse , desafiar si tiene valores que considera superiores, o rechazarla y pasar al “trueque” sin más.

Como particularidad, el “envido” compara posesiones en cantidad de una línea de valores, a través de la suma de dos cartas del mismo palo, se demuestra ser rico en cantidad de oros o espadas, por acumulación de valores superando en número al contrincante (33 contra 30, por ejemplo) aunque los palos mostrados por cada uno sean diferentes.

Es una toma de posiciones de “acreditación personal” de quienes van a competir.

En el truco, que viene luego, los valores son específicos de las cartas, definidos por un órden que si bien es difícil de evaluar, tenemos algunas pistas; las dos cartas de mayor valor son el as de espadas y el as de bastos. Considerando que el término as debe derivar de aes- aeris que eran las monedas de cobre y bronce romanas y que dos de ellas representaban la espada y el basto, no parece quedarnos dudas de que hablamos de valores monetarios instalados en esa sociedad como referencia histórica superior, y como tales tomados en el juego.

Por detrás de ellos ya el órden no es tan fácil de determinar en cuanto a su origen y significado; ¿porqué los otros dos ases, quedan tan lejos en su valoración, superados por los dos y los tres?, y ¿porqué dos de los sietes se instalan solo por debajo de los dos ases mayores y los otros dos caen en el vacío numérico? son incógnitas que por ahora quedan en el rincón de los misterios, hasta que un documento inesperado, o una mente más inteligente (que la mía) logre desentrañarlas.

Curiosamente, como el desafío a “trocare” es previo a cerrar el intercambio, se prestó (como en la realidad de los trueques) a exagerar el valor de las piezas guardadas a cambiar y a la “mentira” para ganar el juego si el oponente se asusta. Se está ocultando el verdadero valor….se está “trucando” ese valor. Y coincide esa etapa de transformación de la denominación del juego de troque a truque, con el comienzo del uso de la palabra trucar por engañar o falsear un valor determinado.



Hasta qué punto los vocablos influyeron en el juego, o el juego en el sentido de los vocablos, es un tema difícil de determinar, pero está claro que su transformación fue contemporánea.

El truco ya instalado mayormente en Valencia, Castilla y Galicia, se hizo costumbre prevaleciente sobre otros juegos de cartas en Argentina, Uruguay y Paraguay ocupando también la atención en varios países americanos.

Su uso se hizo tan popular que sirve para caracterizar hasta a las personas, en una sociedad individualista donde todos queremos ser ases, y ninguno un cuatro de copas.



Manuel Vila 2016

2 comentarios:

  1. Muy interesante. No juego al truco pero me interesó el tema por el contexto histórico en que surgió y por el modo en que se describen las transformaciones que se dieron en el lenguaje. Gracias por el aporte enriquecedor.

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    1. Gracias por volcar tu opinión, querida Alicia

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