sábado, 4 de mayo de 2013

Uso de la Piedra en la Construcción de los Fortines del Desierto (Capítulo III)

Uso de la piedra en los Fortines del Desierto III Durante la dominación española, en el interior de la gobernación y el Virreinato: Fortines de Buenos Aires Ya vigente la construcción de fortificaciones al estilo francés, incluyendo baluartes, y otros elementos como revellines, introducidos por Vauban y sus discípulos, los constructores españoles, que originalmente habían seguido la escuela italiana, en el final del siglo XVIII estaban abiertamente volcados al estilo galo. Había sido fundamental para extender la frontera con el indio hasta la ribera norte del río Salado y evaluar acciones posibles para extenderla, la expedición desarrollada en 1770-1771 por Manuel Pinazo, en tiempo del Gobernador Bucarelli. El mismo, al frente de los Blandengues, atravesó el Salado, pasó por Cruz de Guerra (actual 25 de Mayo) Sierra de la Ventana y llegó hasta las riberas del Río Colorado para volver por las Sierras de Vulcan (actual Balcarce), y si bien no logró que los fuertes a construir se llevaran a esa línea, se materializaron los nuevos fuertes de Chascomús, Monte y Rojas, con guardias intermedias en Ranchos, Navarro, Lobos Y Carmen de Areco, a un costo total de 200.000 pesos fuertes. En el mismo año de 1776. en que arribará Cevallos trayendo la nueva de la creación del Virreinato del Río de la Plata, Vértiz propone reforzar todas las guardias, pasando a ser fuertes. Juan José de Vértiz (a pesar de las descalificaciones sobre sus decisiones de orden militar que hiciera Cevallos) contaba con un asesor calificado el Teniente Coronel de artilleros Francisco de Betzebé y Duclós, que no solo encabezó las nuevas construcciones de fuertes bajo el virreynato de Cevallos, sino que ya en 1776 proponía establecer dos fuertes en Sierras de Tandil y Vulcan (actual Balcarce). Luego se ocuparía de fortificar Montevideo. Cevallos construye el Fuerte Melincué al sur de Santa Fé y es relevado en 1778, cuando preparaba un ataque masivo a las tribus del sur de la actual Provincia de Buenos Aires, volviendo Vértiz ya como Virrey, quien ahora critica los fuertes de Cevallos, diciéndole en la memoria que deja a Loreto:"solo hallé tres corrales a los que llamaban fuertes....". Es así que en 1778, el ya Virrey Vértiz, decidiendo reforzar las poblaciones establecidas en la frontera interior de los ataques de las tribus de aborígenes no asimilados, ordena que se levanten fuertes uniformemente, con sólidos materiales y "con buenas estacadas de ñandubay, anchos y profundos fosos, rastrillo y puente levadizo, con baluartes para colocar artillerías". Fig 19: Recreación en Saldungaray de un Fortín del desierto, según los cánones usuales Menciona asimismo la obligación de crear los corrales externos a la empalizada para garantizar la presencia de la caballada y las reses necesarias a la supervivencia, criterios que pasarán a ser norma de los fortines desde ese momento. Estos criterios harán que los fortines atraviesen sin cambios los gobiernos de los virreyes Loreto y Arredondo, y es el virrey Melo, quien en 1796, solicita al calificado Félix de Azara. que realice una inspección de la frontera con el indio. Este acompañado del infaltabla Manuel Pinazo y el luego famoso Ingeniero Pedro Ceviño reconoce la línea de frontera, y expresa respecto a los fuertes: "He visto con no poca admiración, que el que dirigió los actuales, los delineó por las reglas de la arquitectura militarm dictadas por el famoso Vauban, con baluartes y flancos arreglados, circundándolos de estaca y foso".El crédito debe darse a Betzebé Al mismo tiempo propone fundar nuevos fuertes más al sur llegando a proponer la isla de Choele Choel, pero el plan no progresa, y esa línea se mantendrá hasta la etapa independiente. Fig 20: Plano de las fronteras con el indio, en la actual Prov. De Buenos Aires en 1810. Desde 1770 solo se avanzó desde los alrededores de Buenos Aires hasta la ribera norte del Río Salado (marcado en rojo). Fortines de Cuyo El otro sector donde la situación con el ataque de los malones obligó a contruir fortines, fue el sur de Mendoza, con la particularidad de que el terreno permitía usar piedra en partes de su estructura. Allí entre 1770 y 1772 se costruye el Fuerte de San Carlos, de planta cuadrada con baluartes esquineros, rodeado por un foso de 4 metros de ancho, y con la particularidad de que sus gruesos muros, a pesar de estar conformados por adobes, estaban fundados sobre cimientos de piedra bola, de bordes redondeados, de la que los glaciares y ríos de montaña, arrastraban y redondeaban a su paso, asentada con cal (traída presuntamente de Córdoba) materializando los ya usuales cimientos "de cal y canto" Solo perdura un baluarte de aquel fuerte donde San Martín parlamentara con los caciques, pidiéndole autorización para cruzar la cordillera por los pasos que ellos ocupaban Fig. 21 y 22: Restos del Fuerte San Carlos (1772), con muestras del uso de piedra bola en sus cimientos Años después y en base a los continuos ataques de tribus que escapaban luego por la Cordillera a Chile, el Virrey Rafael de Sobremonte decide parlamentar con las tribus amigas del sur mendocino, y se determina que estos cederán terreno para que se construya un fuerte que en homenaje al Virrey se llamará San Rafael del Diamante. El mismo, cuya construcción inicial se debe al portugués Miguel Telles y Meneses, se inicia en enero y se inaugura en abril de 1805, en la confluencia de los ríos Atuel y Diamante. Con un traslado efectuado en 1810 consta de una planta cuadrada, con baluartes tambien cuadrados, y sus muros de adobes, están fundados como el San Carlos, sobre piedras redondeadas asentadas con cal. Trabajos realizados por el arqueólogo Humberto Lagiglia, han permitido mostrar parte de sus muros y cimientos así como la planta y disposición. Fig 23; 24; y 25: Planta, muros y cimientos con uso de piedra, del Fuerte San Rafael del Diamante (Mendoza 1805-1810) Ambos fuertes han sido declarados Monumento Histórico, en fechas recientes.

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